Octubre 15
Tenía en muchísima veneración y amor a los ángeles, que están con nosotros en la lucha y van con nosotros entre las sombras de la muerte. Decía que a tales compañeros había que venerarlos en todo lugar; que había que invocar, cuando menos a los que son nuestros custodios. Enseñaba a no ofender la vista de ellos y a no osar hacer en su presencia lo que no se haría delante de los hombres. Y porque en el coro se salmodia en presencia de los ángeles, quería que todos cuantos hermanos pudieran se reunieran en el coro y salmodiaran allí con devoción. Respecto a san Miguel, que tiene el encargo de conducir las almas a Dios, decía muchas veces que hay que venerarlo aún más. Y así, en honor de San Miguel ayunaba devotísimamente la cuaresma que media entre la fiesta de la Asunción y la de aquél. Solía decir: “Cada uno debería ofrecer alguna alabanza o alguna ofrenda especial a Dios en honor de tan gran príncipe”.
(2C 197)














