Septiembre 30
Se proponía levar a cabo grandes proezas bajo la jefatura de Cristo, y, a pesar de irse descomponiendo sus miembros y muriendo ya su cuerpo, esperaba que con una nueva batalla había de conseguir el triunfo sobre el enemigo. Es que la virtud no conoce el límite del tiempo, porque espera un premio eterno. Ardía por esto en deseos vehementes de poder volver a aquellos comienzos de humildad, y, gozoso en la esperanza por la inmensidad de su amor, cavilaba en reducir su cuerpo, ya extenuado, a la antigua servidumbre. Alejaba de sí con la mayor decisión los estorbos de todos los afanes y ahogaba totalmente es estrépito de todas las preocupaciones. T cuando por la enfermedad se veía precisado a mitigar el primitivo rigor, solía decir: “Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios, pues escaso es o poco lo que hasta ahora hemos adelantado”. No pensaba haber llegado aun a la meta, y permaneciendo firme en el propósito de santa renovación, estaba siempre dispuesto a comenzar nuevamente.
(1C 103)














