Agosto 24
Amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad y por haber nosotros alcanzado misericordia mediante ella. Después de Cristo, depositaba principalmente en la misma su confianza; por eso la constituyó abogada suya y de todos sus hermanos, y ayunaba en su honor con suma devoción desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción.
(LM 9,3)
Con vínculos de amor indisoluble se sentía unido a los espíritus angélicos, que arden en un fuego mirífíco, con el que se elevan hasta Dios e inflaman las almas de los elegidos. Por devoción a ellos ayunaba durante cuarenta días a partir de la Asunción de la gloriosa Virgen, entregándose a una ininterrumpida oración.














