Octubre 1
Así que los pocos días que faltaban para su tránsito los empleó en la alabanza, animando a sus amadísimos compañeros a alabar con él a Cristo. El, a su vez, prorrumpió como pudo en este salmo: Clamé al Señor con mi voz, con mi voz supliqué al Señor…
(2C 217)
Invitaba también a todas las creaturas a alabar a Dios, y con unas estrofas que había compuesto anteriormente él las exhortaba a amar a Dios. Aun a la muerte misma, terrible y antipática para todos, exhortaba a la alabanza, y, saliendo con gozo a su encuentro, la invitaba a hospedarse en su casa: “Bienvenida sea – decía - mi hermana muerte”. Y al médico: “Ten valor para pronosticar que está vecina la muerte, que va a ser para mi la puerta de la vida”. Y a los hermanos: “Cuando me veáis a punto de expirar, ponedme desnudo sobre la tierra – como me visteis anteayer -, y dejadme yacer así, muerto ya, el tiempo necesario para andar despacio una milla”.














