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El dedo de rezar


23 Febrero 2026

Hace unos años, desde el 2013, creo, circuló mucho por las redes la “oración con los cinco dedos de la mano”, que se atribuye al papa Francisco cuando era todavía arzobispo en Argentina. En las homilías con los críos de Primera Comunión funcionaba muy bien y, si no la conoces, búscala en internet porque la verdad es que da mucho juego y hace pensar a niños y a mayores.

Lo que hoy comparto contigo es todavía más fácil, porque se puede rezar con un solo dedo. La idea, en parte, se la debo a Chari, la esposa de un gran amigo, que me enseñó un remedo virtual y actualizado de aquello que dijo Jesús a sus discípulos: «Por guásap lo recibisteis, mandadlo por guásap».

Lo escribo así, en vez de WhatsApp, porque el DRAE todavía no admite ninguna de las dos palabras, si bien todos la pronunciamos a la española. El caso es que dándole vueltas a lo de Chari, y con un empujoncito del Espíritu Santo (que es quien nos inspira siempre las mejores ocurrencias), empecé un grupo de guásap, un “chat” de esos que llaman, simplemente para rezar, para pedir unos por otros.

Cuando alguno de mis contactos pedía oraciones por alguna persona o alguna necesidad, yo pedía por eso y se lo decía también a los otros frailes del convento para que ellos también oraran.

Como solo éramos cuatro los franciscanos de aquella comunidad, eso parecía poco, y comencé entonces a mandarles guásaps con esas peticiones a gente que sabía que iba a rezar, porque son buenos cristianos y de corazón grande. La intención era buena, pero tardaba cantidad de tiempo porque compartía las peticiones de una en una.

Señala el mensaje, dale a la flechita de arriba de reenviar, teclea el contacto a quien quieres enviarla, selecciónalo en la lista que te sale, y dale otra vez a la punta de flecha verde de abajo. Vale, no son más que quince segundos, pero multiplícalo por veinte o treinta personas y resulta que te has tirado lo menos diez minutos si cuentas las veces que te has equivocado porque las letras son muy pequeñas y no siempre atinas a la primera. Diez minutos, diez, rezando con un dedo.

Había que mejorar la marca y hacerla más eficiente, y con ayuda de entendidos en móviles e informática, el 29 de abril de 2019, a las seis y seis minutos de la tarde, quedó conformado el grupo de guásap “Pray Station”, que vale precisamente para eso, para rezar con un dedo.

Los componentes envían sus peticiones (alguien enfermo, entrevistas de trabajo, operaciones o embarazos complicados, exámenes, oposiciones, damnificados por guerras o catástrofes...) y un servidor, con tres toques en el móvil, las reenvío a las más de sesenta personas y familias que participan en el chat: en cinco segundos, sesenta oraciones.

Luego ya el personal reza por esas intenciones cuando puede y como quiere. Algunos envían frases de aliento, o el emoticono ese de las dos manos juntas orando, o un montón de stickers de esos que han inventado ahora con diversos dibujos y jaculatorias. Otros no dicen nada, pero sabes que están ahí, al pie de la oración todo el rato.

Por ejemplo, tengo dos primas y un primo en el grupo; mi prima Amparo, como está ya felizmente jubilada, es muy participativa, pero mi primo Manolo y su hermana Roci rezan con ahínco todos los días en silencio.

También es muy hermoso cuando los peticionarios informan del resultado de tantos ruegos. La mayoría de esas noticias son de agradecimiento a Dios y a los rezantes porque se han superado sufrimientos y dolores. Otras veces toca dar el pésame porque la hermana muerte ha visitado algún hogar.

Pero hasta en esos casos la fe vivida en comunión tiene su efecto positivo, porque consuela mucho sentir que el Señor y un montón de personas están ahí, bien cercanas, a la vuelta de un clic.

Hay muchos otros modos, a Dios gracias, pero si tienes guásap y un dedo, es muy sencillo rezar.