La Familia Franciscana de Córdoba celebra unida el VIII Centenario del Tránsito
Córdoba vivió un acontecimiento histórico de comunión franciscana con el traslado de San Francisco desde San Pedro Real hasta la Catedral, donde se celebró solemnemente su Tránsito, presidido por el obispo de Córdoba.
Estos días se ha vivido uno de esos acontecimientos que quedan en la memoria de una ciudad y de su Iglesia. Con motivo del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, toda la Familia Franciscana presente en Córdoba y en distintos puntos de la provincia se ha unido para celebrar, recordar y actualizar el legado espiritual de aquel hombre que, ocho siglos después de su muerte, continúa inspirando a generaciones.
El momento central de esta celebración tuvo lugar con una emotiva peregrinación procesional desde la iglesia de San Pedro Real hasta la Santa Iglesia Catedral, un recorrido cargado de significado histórico y espiritual, pues San Pedro Real constituye uno de los lugares vinculados a los primeros pasos del franciscanismo en la ciudad de Córdoba.
La procesión reunió a una amplia representación de la Familia Franciscana, haciendo visible la riqueza y diversidad de un mismo carisma: hermandades, cofradías, colegios, parroquias, comunidades religiosas, grupos de laicos y representantes de las distintas ramas de la Primera, Segunda y Tercera Orden. Una auténtica expresión de fraternidad que quiso mostrar que el carisma recibido de Francisco continúa vivo y fecundo en la Iglesia cordobesa.
El caminar de la imagen de San Francisco por las calles de Córdoba estuvo acompañado por la Banda de Música de la Estrella, cuya interpretación contribuyó a crear una atmósfera solemne y profundamente emotiva, acompañando a cientos de personas que quisieron sumarse a esta celebración extraordinaria.
Del corazón de Córdoba a la Catedral
La llegada a la Catedral supuso uno de los momentos más significativos de toda la jornada. Allí tuvo lugar la celebración solemne del Tránsito de San Francisco, presidida por el señor obispo de Córdoba, D. Jesús Fernández, en la que la comunidad cristiana pudo contemplar y celebrar el paso de Francisco de esta vida a la gloria del Padre.
Uno de los momentos más conmovedores fue la escenificación del relato del Tránsito de San Francisco, realizada por el Grupo de Teatro San Francisco Solano de Montilla. La representación permitió acercarse de una manera especialmente cercana y visual a aquellos últimos momentos de la vida del santo de Asís: su entrega confiada, su pobreza, su fraternidad con todas las criaturas y su deseo de encontrarse definitivamente con Dios.
La escenificación ayudó a comprender que el Tránsito de Francisco no es simplemente el recuerdo de una muerte ocurrida hace ochocientos años, sino la celebración de una vida entregada hasta el final y de una existencia que encontró su plenitud en el encuentro definitivo con el Padre.
Un camino de celebración y comunión
La celebración del Tránsito ha sido el culmen de varios días de intensa actividad franciscana en Córdoba, vividos como un auténtico camino de comunión entre las distintas realidades que forman parte de la Familia Franciscana.
Previamente, se celebró un quinario itinerante que llevó la oración y la memoria de San Francisco por algunos de los principales lugares franciscanos de la ciudad. Comunidades, parroquias, conventos y distintas instituciones fueron acogiendo cada jornada, convirtiendo este itinerario en una oportunidad para redescubrir la presencia franciscana en Córdoba y agradecer una historia de fe que se remonta a siglos atrás.
Este recorrido ha permitido poner de manifiesto que el franciscanismo cordobés no es únicamente patrimonio del pasado. Es una realidad viva, formada por comunidades religiosas, familias, jóvenes, niños, colegios, hermandades, parroquias, grupos de oración y numerosos hombres y mujeres que siguen encontrando en Francisco una propuesta evangélica plenamente actual.
"Francisco, el legado espiritual"
Como culminación de este camino celebrativo, Córdoba ha acogido también una exposición dedicada al legado espiritual y al patrimonio franciscano, reuniendo piezas, testimonios y elementos custodiados durante generaciones en distintos conventos y comunidades de la diócesis.
La exposición ha permitido acercarse a una parte del rico patrimonio espiritual que se conserva en los conventos de las Hermanas Clarisas, Clarisas Capuchinas, Concepcionistas y otras comunidades religiosas presentes en la diócesis. Objetos, imágenes, documentos y expresiones de la piedad franciscana han permitido descubrir cómo el carisma de Francisco ha sido transmitido y custodiado a lo largo de los siglos.
Más allá de su valor artístico o histórico, esta muestra ha querido presentar un patrimonio que habla de una forma concreta de vivir el Evangelio: la sencillez, la fraternidad, la pobreza, el amor a la Eucaristía, la pasión por Cristo pobre y crucificado, la devoción a la Virgen María, el cuidado de la creación y la búsqueda de la paz.
Ocho siglos después, Francisco sigue hablando a Córdoba
Las celebraciones del VIII Centenario han permitido a la Familia Franciscana de Córdoba mirar agradecida a su historia, pero también preguntarse por su futuro.
Francisco murió hace ochocientos años, pero su mensaje continúa interpelando a una sociedad necesitada de fraternidad, reconciliación, sencillez y esperanza. Su manera de acercarse al pobre, al enfermo, al diferente y a toda la creación constituye todavía hoy una invitación a vivir el Evangelio con radicalidad y alegría.
Por eso, la peregrinación desde San Pedro Real hasta la Catedral ha querido ser mucho más que un acto conmemorativo. Ha sido un signo visible de que la Familia Franciscana camina unida, agradecida por una historia compartida y comprometida con seguir haciendo presente el sueño de Francisco en Córdoba.
Ocho siglos después de su Tránsito, la pregunta permanece abierta: ¿qué nos dice hoy Francisco de Asís? ¿Qué nos invita a recomenzar? ¿Qué caminos de fraternidad, paz y esperanza estamos llamados a abrir en nuestra ciudad?
Córdoba ha celebrado estos días a San Francisco. Pero, sobre todo, ha vuelto a escuchar su llamada a vivir el Evangelio, amar a los hermanos y hermanas, cuidar la creación y caminar juntos hacia Dios.
Porque el verdadero legado de Francisco no está únicamente en lo que Córdoba conserva de él, sino en lo que, ocho siglos después, Francisco sigue provocando en el corazón de quienes se encuentran con su vida y su Evangelio.
Fr. Manuel Díaz Buiza, OFM
Representante de la Familia Franciscana en Córdoba
