La soledad de María

La Soledad de María va unida a su misión maternal y corredentora. María está llamada a recorrer el camino del Hijo hacia la Cruz, desde que pronuncia el Fiat en la Encarnación (Lc.1, 38).

Por eso, María participará de la soledad de Cristo en el Calvario que experimenta el abandono de los suyos: "Todos los discípulos le abandonaron y huyeron" (Mt. 26, 56). También participará de ese misterioso grito de soledad que lanza el Hijo desde la Cruz: "Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado" (Mt.27, 46; Mc.15, 33).

Es verdad, que Cristo alivia la Soledad de su Madre confiándola al cuidado filial del discípulo amado que la coge en su casa (Jo. 19, 27) Pero María sigue participando del misterio de abandono y soledad que el Hijo experimenta en la Cruz.

La soledad de María significa:

Que se han cumplido las Escrituras. "Dijo Yahvé a la serpiente...: Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; Éste te aplastará la cabeza" (Gen.3, 14-15).

El amor misericordioso de Dios sale al encuentro de cada hombre para perdonar el pecado, elevarlo al orden sobrenatural, hacerlo hijo adoptivo y salvarlo. Para eso, Cristo ha nacido de María y ella ha sido íntimamente asociada al Hijo.

La Soledad de María es la plenitud de su maternidad.

La Soledad es la ausencia del hombre que abandona a Cristo, y la presencia insistente de la Madre que busca a sus hijos descarriados. María, en su Soledad, sigue buscando al pecador para que se convierta, al tibio para que recupere su primer fervor, al fiel para que crezca en santidad… nos busca a todos como alivio en su soledad y nos ofrece su calor de madre.

La Soledad de María conlleva, además, el gozo del deber cumplido como Madre, por la fuerza del amor más fuerte que la muerte y que el pecado.

También, la Soledad de María implica el gozo de la esperanza en la certeza del triunfo inminente de la resurrección y plena glorificación del Hijo. María será la primera, como Madre, en ver a su Hijo resucitado.

Nosotros, ayudados por la Virgen Madre, esperamos participar de la Resurrección de Cristo. Mientras tanto, nos consagramos totalmente a Ella y le decimos: “Somos totalmente tuyos y todas nuestras cosas tuyas son. Sé tú nuestra guía en todo".

Fr. Francisco M

Fray Francisco M. González Ferrera, OFM. 

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