En estos tiempos nos toca repensar lo esencial de la catequesis, para que la fe nos ilumine la vida. Se trata de escuchar los latidos del mundo y los latidos de un Dios que sigue actuando, pero que necesita ser escuchado: ¿Dónde está Dios?
Atascados en la primera comunión, hemos olvidado cómo hacer cristianos; es preciso «cambiar el chip», para responder a las necesidades de un mundo buscador de sentido. Hoy se nos pide ser una Iglesia en salida hacia las periferias que escuche, discierna y acompañe. Dar un salto cualitativo para hacer cristianos que descubran la experiencia de Dios; a través de la evangelización, la catequesis, la enseñanza religiosa…, todo un Pueblo de Dios que camina.
En este proceso:
- Nos falta crear puentes que iluminen las tareas y prácticas pastorales.
- Nos faltan lugares seguros y criterios fiables con el respaldo de la Iglesia; que nos ayuden a vivir con rigor, claridad y profundidad el itinerario de fe.
- Todos somos necesarios en esta misión: catequistas jóvenes, adultos y abuelos que acompañen este proceso.
No somos peregrinos de emociones que deslumbran el proceso. Se trata de responder con catequistas preparados, donde las palabras evangélicas llenen el corazón, a través de la iniciación cristiana.
Mediaciones de este itinerario:
- Pedagogía divina en sus métodos y contenidos, para descubrir a Dios en la realidad de lo cotidiano.
- Mirar los escenarios culturales nuevos donde conjugamos la fe.
- Soñar con hacer cristianos; no solo desde los contenidos, sino desde la experiencia que acompaña al Pueblo de Dios.
- Lo que susurra en la vida: evangelización, liturgia, caridad, comunión…
- Reavivar la profecía anunciando las buenas noticias del Evangelio, y denunciando las injusticias que separan a los hombres y las mujeres de hoy.
- Crear, acompañar y servir a las comunidades fraternas que hacen visible la parábola del compartir.
- Invertir en la formación de catequistas bien formados y que juntos realicemos la misión de la Iglesia: si la Iglesia existe es para evangelizar (cf. Evangelii Nuntiandi, 14).
- Trabajar en pequeñas comunidades de animadores que dialoguen juntos para: renovar, repensar, acompañar, discernir y decidir el camino a recorrer.
- Aglutinar la diversidad en el marco de la unidad, sabiendo que la realidad es poliédrica.
- Arropar estas reflexiones contando a otros lo que hemos visto y oído, como los discípulos de Emaús (Lc 24), hablando desde Dios y llevando al Dios de Jesucristo a los ambientes no solo «tabóricos», sino a «las galileas llanas» de lo cotidiano.
Para esta peregrinación es recomendable seguir la ruta catequética, en proceso, que nos ofrece el nuevo Diccionario del Catequista, publicado por PPC, 2025.
Sin catequesis no hay acción pastoral, sin pastoral no hay evangelización, sin evangelización no hay fe, sin fe no hay acceso a Dios. Sin el Dios de Jesús; no hay camino, verdad y vida.
«ID Y ANUNCIAD LO QUE HABÉIS VISTO Y OÍDO»
porque Dios sigue iluminando nuestros pasos.
Fray Seve Calderón Martínez, ofm
Bitácoras