Nos percibimos débiles e infecundos, pero creemos que eres un «Dios con nosotros» −Emmanuel (Is 7,14)−, que nos acompañas y reúnes en un Pueblo de Dios en camino sinodal, que nos fecundas por el Espíritu de gratuidad que se nos regala. Acudimos a Ti, hoy y siempre, a la vez que te abrimos las puertas de nuestras vidas, para que nos hagas faros de tu amor.
1. Necesitamos que la NAVIDAD nos ayude a experimentar la cercanía de Dios que nos fecunda, un amor y un cariño que nos pone en pie y que nos hace caminar alegres y esperanzados.
¡Es hora de despertar!, de ir más allá de nuestros intereses individualistas y abrir bien los ojos, para consolar a los que lloran y sufren. Un deseo de Dios, en esta NAVIDAD, es que compartas tu pan y des abrigo a los pobres; que mires, escuches, acompañes y cures las heridas de los que sufren. Nos acercamos a Jesús cuando nos hacemos prójimos de las fragilidades de este mundo. Dejemos paso a los sueños y fantasías que anidan en el corazón, para favorecer la aparición de las iniciativas nuevas, fruto de la gracia y de los dones que se nos regalan: «Lo que guardé no lo tengo, lo que tengo lo perdí, solo tengo lo que di».
El Espíritu nos acerca y empuja a crear espacios de encuentro:
- «Ensancha el espacio de tu tienda» (Is 54,2). Documento de trabajo para la Etapa Continental (DEC [Sínodo 2021-2024]).
- «Somos lo que damos. Somos amor» (lema de Cáritas, Navidad 2022).
2. Escuchemos la voz de los profetas de ayer y de hoy. Los profetas nos invitan a convertirnos de todo corazón a Dios, y eso acontece cuando dejamos espacio al consuelo que viene del Señor; siguiendo el itinerario del Adviento, sus mensajes nos invitan a:
- Soñar lo imposible, sin mirar atrás, salvo para incorporar lo positivo de la historia de la salvación.
- Desaprender para mejor aprender, seguir a los profetas hoy.
(Escuchemos la canción «Desaprender la guerra» del cantautor Luis Guitarra).
«Dios con nosotros» es Dios de las sorpresas, donde escuchamos el rumor imparable de la vida. Los profetas nos invitan a transformar nuestras vidas en vidas samaritanas, para ungir con el óleo de la curación; como si de una melancolía de esperanza se tratara para vencer todas las sombras y poner en marcha estilos de vida solidarios, donde los más pequeños puedan recrear y reanimar la esperanza.
Es verdad que, si el pozo no mana, nosotros no podemos fabricar el agua; todo viene del interior, donde el manantial nos refresca y el amigo interior se hace confidente y Maestro, riqueza interior que enamora y acompaña.
3. La mirada que el Enmanuel nos propone es una pedagogía de crecimiento hacia abajo, hacia los pobres para mejor ver en ellos la presencia del Reino; una mirada que nos trae la alegría de las bienaventuranzas, al invitarnos a ser dichosos al lado de los pobres. El camino de Jesús nos saca a la calle, como escenario de oración itinerante. Nos invita a aprender de la vida de los pobres, a conocer sus historias y a mirarlas con ternura y «fraternura» franciscanas. Se nos invita a compartir con los perdidos el cariño que recibimos de la ternura de Dios. Si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir: «porque soy el servidor de alguien más bueno que yo» (Carlos de Foucauld).
¡Dichosos nosotros si creemos en el misterio de la encarnación, y nos descalzamos ante el misterio del Otro y de los otros!
¡Dichosos si nos decidimos a vivir el Evangelio, y vivimos la Navidad desde la entrañable misericordia de Dios!
4. La Navidad es fruto del Espíritu, danza inacabable de Amor y de Paz para un mundo herido por la violencia.
Si el Evangelio es el mensaje más hermoso que tiene este mundo, esto se debe a que Dios se hizo humano por obra del Espíritu.
Cuando alguien se deja guiar por Dios, al final siempre brilla la luz, ya no estamos solos, no estamos perdidos por el mundo, porque donde nace Dios nace la esperanza, la casa se convierte en manantial de alegría, y la Navidad es gozo y gratuidad que embellece la vida.
5. Navidad es la fiesta de la comunicación y del encuentro; es un diálogo de amor con la Palabra que llena nuestro cántaro vacío. Podemos beber ahora de su fuente y caminar como iluminados por la estrella de Belén.
La Palabra se hizo historia, habitó como una tienda del encuentro entre nosotros: «ensancha el espacio de tu tienda, extiende los toldos de la morada, no los restrinjas, alarga tus cuerdas, refuerza tus estacas» (Is 54,2). El Enmanuel se atrevió a pensar en nosotros, se hizo confidente y amigo, compañero de camino. Entra en nuestra casa para que nos convirtamos en artesanos de la paz («arte que sana»). En un pesebre, «tú casa», comienza la aventura de la gracia y por eso te adoramos y te bendecimos aquí y en todas las iglesias (Test 5), donde tú presencia se hace singular y fraterna. En Jesús somos salvados y bendecidos, amados como hijos y hermanos (corazón hh). No podemos dejar de lado la vida de Jesús; estamos llamados a vivir el santo Evangelio (Tes 14), a no estar de brazos cruzados, sino, antes bien, ponernos el delantal y remangarnos para servir, volcándonos en el hermano, sin dejar de tener −como san Francisco− a «Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos…» (1 Cel 115).
6. Solo el Amor entregado fecunda nuestra vida. Cuando vivimos desde la esperanza, cada día se nos empuja a superarnos y hacernos más humanos. El amor que damos y que recibimos nos iguala como personas creando una familia amplia, que nos convoca para cuidar y ser cuidados, y disfrutando de un bien que a todos enriquece para trabajar por los derechos humanos y las bienaventuranzas evangélicas. Aquí crece la esperanza y nos toca recrearla en nuestra vida sencilla y cotidiana.
En estos tiempos complejos necesitamos que brillen todas las pequeñas luces que iluminan las noches de nuestros egoísmos, para que emerja en nuestro interior un sentido de solidaridad y generosidad que nos habita y que ofrecemos.
7. Recordamos actitudes positivas:
- AGRADECE y REGALA lo que has recibido a lo largo de todo el año, agradece las pequeñas cosas de las que disfrutas, y regálate.
- REANIMA la llama del Amor, para que contagies esperanza y reconectes con el Dios que hace fraternidad.
- REVITALIZA nuestras fuerzas débiles, llenándolas de la alegría del Evangelio, al encontrarnos con Aquel que es vida.
- RECREA la comunión con todos, para ser portador de luz comprometida con los que menos tienen, y están solos y tristes.
- RECONOCE en el otro al pobre y hazte samaritano del necesitado.
- RENUEVA tus compromisos de vivir en el Amor primero y refresca cada día la alianza de amor.
- MIRA a las personas con cortesía franciscana, sin juzgar ni condenar, comprendiendo su situación particular.
- ESCUCHA con paz para acompañar y acoger. Estate presto para el diálogo y la comunicación fraterna.
- CUIDA los dones que has recibido y ofrécelos a los demás, sin mirar condición social.
- COMPARTE tu hogar, tu casa, tu coche, tu tiempo, tu compañía, tu conversación…, y economía (si procede).
- ESCRIBE con tu puño y letra todo lo que ayude a crecer y habla desde el corazón, que es donde anidan los grandes sueños y proyectos.
- GUSTA y saborea el olor a la mar y vete a la montaña para atisbar nuevos horizontes, que te ayuden a cantar las grandezas del Buen Hacedor.
NAVIDAD ERES TÚ
CUANDO DAS LO MEJOR QUE TIENES,
SIN TENER EN CUENTA A QUIEN SE LO DAS.
HAZ DE TU VIDA UN PROYECTO FECUNDO.
¡FELIZ NAVIDAD
VIVIENDO DESDE UN AMOR ENTREGADO!
Severino Calderón Martínez, ofm
Bitácoras