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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¡Somos de casa!


08 octubre 2015

san Lucas (11,5-13)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Si ayer descubrimos la oración del Padrenuestro, hoy el Evangelio nos presenta cuál debe ser la actitud interior del que se dirige a un Dios que es Padre y amigo del hombre. La insistencia, la perseverancia, el pedir sin desfallecer, esa es la actitud de quien sabe que llama al corazón, más que a la puerta de un gran amigo con la certeza confiada de obtener lo que pide. La oración nunca es una perdida de tiempo ni un desafío a un Dios lejano y sordo. La oración tiene siempre una respuesta positiva. Un padre por el hecho de ser padre no puede mas que dar cosas buenas y positivas a su hijo. Por eso, la oración cristiana aunque parezca que no tener respuesta según nuestra lógica tan terrena, en realidad es escuchada. Siempre se nos da el don por excelencia, el don de los dones, el Espíritu Santo, que se le concede siempre a quien ora. En la oración, es el mundo de Dios el que se me concede contemplar. Orar es dejar que venga Dios a decirnos su nombre y el nuestro:Él es Padre y nosotros somos sus hijos. De esa forma la oración nos evangeliza, ya que nos enseña que Dios no está en el extremo final de un razonamiento, sino en el asombro de un corazón que se descubre amado. !Atrévete a pedir! No desde la insolencia de un hijo caprichoso y mal educado, sino desde la prerrogativa de un hijo que puede permitirse todo, porque "somos de casa".
¡Paz y bien!


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