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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Siempre hay que orar


26 Febrero 2015

san Mateo (7,7-12)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

Sin verdadera vida de oración, los cristianos daremos verdaderos tumbos en la vida espiritual. Sin vida interior, sin intimidad con Dios, la fe se reduce a una práctica interesada cuyo fin no es otro que conseguir lo que uno necesita. La oración cristiana es otra cosa. Orar es pedir, es buscar, llamar a la puerta. De día y de noche. Sin cansarse nunca. "Siempre hay que orar", y hasta tal punto que la oración se convierte en un estado y no sólo en una práctica ocasional. Orar es un modo de ser delante de Dios. ¡Pero hay dos manera de insistir en la petición: la del inoportuno y la del enamorado! El primero solo piensa en sí mismo; el otro está fascinado, y lo daría todo por el tesoro que ha descubierto ¿Qué puerta se le cerrará? Si Dios espera de nosotros este modo de orar, es porque él se presenta como el tesoro de los tesoros, como el amigo fiel. ¡Un amor de segunda mano, que se da por nada, no es amor! Y es precisamente el encontrarse con el amor y la misericordia de Dios el que nos lleva a vivir la vida desde esta regla de oro de la convivencia con los demás: "tratad a los demás como queráis que ellos os traten". La genuina oración cristiana nos lleva a estar siempre atento al bien de los demás; y nos lleva a una verdadera conversión: descentrarse de nosotros mismos para que nuestro centro sean los demás. ¡Qué hermosura de oración! ¡Qué lejos, Dios mío, me encuentro de ella y de los demás!
¡Paz y Bien!


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