Permaneciendo en Cristo
San Mateo 10,16-23.
Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."
San Benito, cuya fiesta celebramos hoy, es el padre del Monacato en Occidente y patrono de Europa. Retirado en absoluta soledad en una cueva del monte subiaco en Italia (480-547), atrajo a muchos discípulos y con ellos organizó la vida cenobítica en Occidente. Su Regla resume sabiamente la tradición monástica de Oriente adaptándola al mundo latino. Esta "escuela de servicio al Señor" como él la llama se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra (lectío divina), a la liturgia de alabanza y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, humilde y obediente servicio.
San Benito, es considerado como un "hombre nuevo", renacido del silencio y de la profunda escucha de la Palabra, guía espiritual para otros buscadores de Dios.
La orden fundada por el ha dado al mundo un alma, y a la iglesia un lugar para el indispensable retorno a las fuentes.
Experiencia de fe que sólo ha sido posible "permaneciendo en Cristo". Sólo quien permanece, vive y se vuelve fecundo; quien se separa, muere. La condición requerida para esta fecundidad es acoger y realizar la Palabra de Jesús; los frutos esperados son las obras buenas que glorifican al Padre.
¡Necesitamos el silencio en nuestra vida de fe como el aire que respiramos!
¡Paz y Bien!
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