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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Somos presencia suya multiplicada


22 Enero 2017

Mateo (4,12-23)Evangelio según san Mateo (4,12-23)

 AL enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retirá a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Ha llegado el Mesías. Ha terminado la larga serie de los profetas, que había culminado en Juan Bautista. El tiempo de las promesas está dando paso al de las realidades: "Una luz brilló". Jesús empieza predicar:"¡Convertíos!"
De nada serviría de desgañitarse predicando, invitando, si los corazones permanecieron cerrados a cal y canto. De sobra sabe Jesús que la principal batalla del Reino de Dios se libra a la puerta de cada corazón; y que la consigna dada por el Padre es que no se fuerce ni una sola cerradura. Por mucho amor que nos tenga -y por eso mismo-, Él no quiere entrar en el corazón de nadie si no le abren la puerta y le ofrecen libremente la casa. Jesús quiere que cada uno nos incorporemos el proceso de nuestra propia salvación, de lo contrario estaría haciéndolo todo Él, y eso sería maleducarnos. No ha venido a cargarnos sobre sus hombros, sino a fortalecer nuestras rodillas para que seamos capaces de caminar.
"Venid, os haré pescadores de hombres". Desde el primer día, la llamada y el envío se dan la mano. Jesus va a empezar a construir el reino de Dios. Pero quiere que lo sigamos construyendo nosotros. Con su ayuda, desde luego. Quieres que, cuando Él falte, nosotros seamos sus testigos llevando sus palabras por el mundo y por la historia, siendo presencia suya multiplicada. El no ha venido a sustituir al hombre, si no a ponerlo en marcha... Esta es la Iglesia que Dios quiere, una Iglesia en salida, misionera hasta la médula nacida en el fondo de cada corazón.
¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!


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