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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Orar y luchar


11 Enero 2017

Marcos (1,29-39)Evangelio según san Marcos (1,29-39)

 En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Diariamente nos tropezamos con el hombre que está pasando alguna prueba. Le aflige el sufrimiento, que se presenta con diferentes nombres: enfermedad, debilidad, fracaso, desempleo... Y en medio de las dificultades, el hombre lucha, aguanta el asalto, continua viviendo, y aunque parece que el que sale vencedor es el sufrimiento, al final vence siempre el hombre por haber resistido. El hombre probado es como la plata acrisolada: se convertirá en un hombre purificado, se hará más humano.
Jesús, siempre está en marcha, se hace compañero de camino y busca aliviar al hombre de todo lo que le impide vivir en plenitud, que no es otra cosa que vivir para servir a los demás.
Jesús se acerca a la suegra de Pedro a quien la "fiebre" le impedía desempeñar los buenos oficios de la hospitalidad. Jesús se enfrenta al mal una vez más. No se limita sólo a curarla sino que la toma de la mano y la levanta, dicho de otro modo, la incorpora a la verdadera vida, la "resucita" y, así, libre ya de su mal, puede "servir".
Para esto ha visitado Dios a su pueblo, en su Hijo "probado en todo menos en el pecado", para que afrontemos cualquier batalla que nos presente la vida, pero sobre todo, para superar la prueba que sólo se vence, donde se vence las grandes batallas del hombre, en su corazón. Sólo con las armas del silencio, del retirarte a la soledad de tu corazón, a orar como nos enseña Jesús, podremos sobrevivir, podremos salir vencedores de cualquier lucha.
No te canses de luchar, no te canses de orar.

¡Paz y Bien!


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