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Oración III Domingo de Cuaresma


07 Marzo 2026

¡Hola, Jesús, amigo!

Aquí llego y aquí te encuentro. siempre sentado junto al pozo de la vida, siempre esperando con una palabra buena para cada uno.

Bien sabes que los sedientos terminaremos llegando.

Y me sorprendes.

Lo primero que haces es reconocerte sediento y lo primero que dices es “dame un poco de agua”.

Me pasa como a la samaritana que va al pozo con su cántaro vacío y se encuentra con que, antes que ella buscara, hay alguien buscándola.

¿Me estabas esperando para este encuentro?

¿Te reconoces sediento de algo que yo puedo darte?

¿Esta oración no es sólo un gozo para mí sino que es también un gozo para ti?

Voy sabiendo que mi sed, en el fondo, es sed de Dios. Pero lo que nunca me hubiera atrevido a pensar es que Dios tiene sed de mí, de nosotros.

En el pozo de Jacob tenías sed de agua y la pediste. Pero tu venida, tu misión, tu entrega, tu amor… es la prueba clara de que Dios tiene sed de nosotros, que necesita que los hijos nos volvamos a Él, que le demos nuestra confianza…

Dios tiene sed de nuestro amor libre. Por eso viene contigo a buscarnos. Sigo expresando mi asombro. No sólo somos buscadores; somos buscados.

No somos sólo sedientos; Dios tiene sed de nosotros. Un Dios impasible no tendría sed, pero un Dios que ama, sí.

Nuestra respuesta le alegra o le duele porque somos muy importantes para él; somos hijos queridos.

Jesús, amigo bueno, quisiera que ahora me llegara el eco de aquel grito tuyo en la cruz: ¡Tengo sed! ¿Era sólo sed de agua, o era también sed del alma?

Señor, seguro que hiciste muy tuya la frase del salmo: “Mi alma tiene sed de Dios”. Y se te notaba. Aquellas noches en oración con el Padre nos lo dejan claro. Aquel dejar la multitud que te aplaudía para sumergirte en el mar inmenso de Dios. Aquel dejar tu bien-estar para entregarte todo completo por el bien de todos, aquel hacerte pan y partirte para dar vida a otros… Todo tú eres el Don de Dios.

La samaritana, dejando su cántaro para ir corriendo a dar la buena noticia de que te ha encontrado, me motiva a repetir tu palabra: “El que beba de esta agua, mañana volverá a tener sed. El que beba del agua que yo le doy no tendrá sed jamás. Tendrá un manantial”.

Te pido, Señor, que no me pase la vida yendo de pozo en pozo, cuando estás esperándome en el mío.

¡Señor, tengo sed!

Ayúdame y ayúdanos.

Que así sea.

P. Francisco M. González Ferrera, OFM.

Convent Franciscans de Sant Sebastià

COCENTAINA (Alacant)