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Oración de l Domingo de Cuaresma


21 Febrero 2026

¡Hola, Jesús; hola campeón de campeones!

Hoy también quiero llamarte Maestro y sentarme a tus pies, como María la de Betania, para escucharte y beberme tus palabras, y aprender de tu saber estar en las verdes y en las maduras, que de todo hay en la vida.

Hoy te vemos luchando a brazo partido contra el que quería torcer tu camino. Sentiste la tentación, te planteaste otras maneras, pero en cuanto supiste lo que el Padre quería, se acabó la discusión, se acabó el titubeo.

Yo que estoy habituado a valorar mucho tu sí a Dios, tu sí al amor, tu sí a la gente, tu sí a la vida, tu sí a la alegría, hoy tengo que reconocer que me llama mucho la atención tu no rotundo y definitivo a poner tu pan y tu bienestar por encima de lo que el Padre quiere. Con qué elegancia renuncias a poner a Dios al servicio de tu triunfo, a perseguir el éxito y el aplauso pensando que así se “ganan” discípulos.

Y qué decir de tu no al poder, a imponerte, a amenazar; tu no a la riqueza (un dios que se herrumbra) como camino para construir el Reino de Dios. En el desierto retumbó con la misma fuerza tu Sí a Dios y tú No a Satanás.

Ay, Señor, pero tu Iglesia y yo que ahora lo digo, no tenemos tan claro a qué o a quién dar nuestro sí y nuestro no. Muchas veces decimos: “no nos dejes caer en la tentación” y pocas veces nos planteamos en serio en qué tentaciones estamos cayendo.

Quiero hablarte de algunas en las que he pensado estos días:

La tentación de caer bien. Proclamamos el Evangelio que a ti te llevó a la cruz, pero lo endulzamos de tal manera que ya no nos causa problema. Y nos aplauden, incluso, los que a ti te condenaron.

La tentación de la mediocridad espiritual. Cumplir con los ritos, rezar, pero sin amor hasta que duela. Nos olvidamos que el centro de nuestra fe eres tú crucificado y que la cruz es camino a la gloria.

La tentación del poder religioso. Y el poder en la iglesia no es mandar, dominar, es lavar los pies. Buen ejemplo nos diste y nos das.

La tentación de hacer y no orar.

Y sin conectar contigo por la oración nos vaciamos por dentro y la iglesia se convierte en una empresa.

La tentación del desánimo. Nuestro momento es difícil, pero la iglesia nació débil y perseguida y, con todo, llenó de vida el mundo.

La Esperanza no nace por cómo van las cosas, sino de la confianza en Espíritu que la lleva.

Señor, quítanos el miedo a ser pequeños y métenos el miedo de ser tibios.

Y no nos dejes caer en la tentación.