¡Hola, Jesús!
Ay, amigo, hoy es de esos días en que me cuesta mirarte de frente, mirarte a los ojos, porque yo soy un egoísta que no termina de arrepentirse de tanto egoísmo y tanta mediocridad, vaciedad...
También yo hoy quiero mirarte aunque, como dice Isaías, de lo quedan ganas es de volver el rostro para no mirar tanto horror. Pero quisiera mirarte con amor y agradecimiento, con un asombro exagerado y con una confianza en Dios, exagerada también.
Quisiera saber mirarte como seguramente te miró tu madre que, también desde lejos, podía amarte y sostenerte. ¡Cómo debió crecer en ella la confianza en ti y en Dios más allá de lo que ve!
¿Cómo fuiste capaz de tanto? ¿Cómo fuiste capaz de beber hasta el fondo ese cáliz de amargura?
Te dolían tanto nuestros dolores, te dolía tanto nuestra muerte que tuviste amor para no bajarte de la cruz.
Entraste en la muerte para poderla vencer en su propio terreno.
¡Claro que eres El Primero, el Más Grande!
Graciasssssss.
Te miro y me miro; me miro y te miro. Para ti el mayor de los agradecimientos; para mí el mayor de los desconciertos.
¿Cómo soy capaz de negarte algo a ti, precisamente a ti? ¿Cómo me atrevo a ponerte disculpas ante algo que quieras de mí? ¿Cómo mi seguimiento es con tantos vaivenes? ¿Cómo es posible que mi amistad contigo pueda estancarse por la maldita rutina y no crezca en hondura cada día? ¿Cómo he permitido que se apague el fuego vivo del amor primero? ¿Cómo es posible que te proclame con tanta convicción que eres el Rey y luego te regatee mi fidelidad?
Me parece que soy normal, pero esto no es normal.
Cuánto me parezco a los amigos que no estaban. Te querían y no estaban. Sabían que los querías como nadie los había querido, y no estaban. Querían seguirte, pero un no sé qué los alejó de ti cuando más los necesitabas, sólo se quedó el apóstol Juan “el amado”.
Señor, ya ves que seguimos su mal ejemplo porque hoy sigues crucificado en todo ser humano crucificado (y son tantos…), y seguimos sin estar. Nos conformamos con mirar de lejos, escurriendo el bulto de lo que te pasa a ti, a ti, en los hermanos, mientras nos enredamos en mil pequeñeces o incluso en tonterías, bobada...
Señor, amigo, cuánto trabajo tienes que hacer con nosotros.
Sé qué harás lo que sea mejor.
Por eso, te lo agradezco: Graciasssssss.
Me viene el himno de las primeras vísperas de esta solemnidad:
Oh príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, rey de las naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los corazones.En la tierra te adoran los mortales
y los santo te alaban en el cielo,
unidos a sus voces te aclamamos
proclamándote rey del universo.Oh Jesucristo, príncipe pacífico:
somente a los espíritus rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo aprisco se congreguen.Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón atravesado.Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
sangre de salvación para tus hijos.Por regir con amor el universo,
glorificado seas, Jesucristo,
y que contigo y con tu eterno Padre
también reciba gloria el Santo Espíritu. Amén.
Bitácoras
