¡Hola Jesús!
Amigo Jesús, aquí estoy otro domingo más. Y estoy contento de saber que nuestra fe no es un amasijo de verdades en la cabeza sino una comunión (unión común) contigo; que vas con nosotros por esta complicada vida, y es cierto que es complicada, pero también es cierto que nosotros la complicamos mucho, muchísimo…, y que tu destino y el nuestro es el mismo destino.
Ya, ya veo que nos está pasando lo que a ti te pasó. Y eso es buena señal, porque, como tú nos dices: “el discípulo no es más que su maestro”. También es verdad que nosotros no tenemos tantas complicaciones como tuviste tú, porque nosotros hemos devaluado el Evangelio que tú viviste al cien por cien, para que no nos traiga problemas y, además, porque no lo tenemos todo tan claro.
Nosotros, “para vencer el mal” criticamos, condenamos, hacemos guerras…, y tú tienes claro que el mal sólo se vence con un amor des medido. Y eso fue lo que hiciste, amar hasta el fin.
Qué fuerte lo que dice el profeta Isaías del Siervo de Dios que te anuncia y te retrata: “no ocultó el rostro ante insultos y salivazos”; “Él soportó el castigo que nos trae la paz”; “Sus llagas nos han curado”.
¡Qué dignidad la tuya!
Eso es saber estar con dignidad y confianza en medio de los conflictos.
En el evangelio de hoy no nos dices que la vida va a ser fácil, que seguirte será cómodo y que no habrá cruces. Nos recalcas que los problemas serán muchos, pero que el amor y la fidelidad tendrán premio.
Qué bueno lo que nos aseguras: “ni un cabello de vuestra cabeza se perderá”. Dios no falla, es fiel a tope. Qué paz, qué fuerza, qué alegría me da escuchar las palabras del Apocalipsis: Vamos hacia un cielo nuevo y una tierra nueva.
La Humanidad, hoy tan machacada, camina a vestirse de fiesta “como una novia que se engalana para su novio”. Que el futuro que Dios prepara para sus hijos es un futuro “sin lágrimas, sin dolor, sin muerte”. Que Dios lo “va a hacer todo nuevo” para los hijos.
Que esto será así, porque lo garantiza el Dios fiel. Del templo no quedará piedra sobre piedra, y ahí está una enorme explanada con mezquitas..., y cientos de “pleitos”, “escándalos”…, entre judíos y musulmanes…
Sólo Dios permanece para siempre. Y ahora quiero mirarte de frente y decirte: gracias, gracias, gracias. Todo esto lo conquistaste tú para nosotros. Todo esto es el fruto de tu amor hasta la sangre. Eres el hermano que va delante de la Humanidad abriendo las puertas que llevan a la vida, a la plenitud, a Dios.
Te debo mi resurrección, te debo mi futuro, te debo mi alegría, esperanza, mi vida…
Te debo amor y gratitud.
Ojalá sepa dártelo siempre y sin miedo…
Mantennos siempre en pie para ser tus testigos.
Bitácoras
