Skip to main content

Oración del Domingo XXVII


04 octubre 2025

¡Hola, Jesús!

Me hago consciente que siempre estás, que tu presencia me envuelve, que tu oído-corazón siempre me escucha y que no me amas con el amor de ayer, sino con el de ahora, nuevo y calentito. Gracias. Qué suerte tenerte así.

Y qué bueno saber que tu mirada amorosa envuelve a todo ser humano, que puedo mirar a cualquier persona con la que me encuentro y creer y saber que está envuelta en tu mirada y en tu inmenso amor. Tengo que aprender a mirar así a la gente; y no sé hacerlo, o no quiero hacerlo. Y, claro, luego me permito el lujo de mirarlos con indiferencia y no quererlos, despreciarlos…

Te pido esa mirada amorosa para todos mis hermanos. Si aprendiéramos a mirar así quizás desaparecerían muchos recelos y desconfianzas que hoy nos separan y crecería una armonía nueva entre nosotros. Señor, que en el evangelio de hoy nos dices: “si tuvieran fe como un granito de mostaza…”

Lo primero que tengo que hacer, y no creas que no me cuesta, es reconocer que mi fe es más pequeña que un granito de mostaza, que estoy en mínimos. Y no es que pretenda mover montañas, que están bien donde están. Lo que desearía es ser capaz de dejarme mover yo, poner mi vida en tus manos; eso, como el barro en las manos del alfarero, para que puedas hacer conmigo lo que quieras.

Ay, Señor, ya veo que mis resistencias no te permiten cambiar mi corazón; y tú sí que tienes esa fe grande para mover montañas y corazones, para hacer de un mediocre un discípulo, un discípulo amado.

Jesús, amigo querido, yo sé que mi fe es pequeña, y con ella no alcanzo a responder a lo que tú quieres de mí. Por eso hago mío el deseo convertido en grito de los discípulos hoy: “Señor, auméntanos la fe”. Me siento limitado, incapaz de perdonar como tú perdonas, incapaz de servir sin esperar reconocimiento, incapaz de confiar del todo en tu palabra. “Señor, aumenta nuestra fe”.

Que mi corazón se abra sin miedo, que mis manos sirvan sin hacer caso al cansancio, que mi vida sea respuesta al amor que me regalas cada día. “Señor, aumenta nuestra fe”. Ya ves, Jesús, que te encargo una tarea difícil.

Que tu Espíritu, que puede mover los corazones, lo haga con nosotros…, que muevas mi pobre corazón…

AMÉN.