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ORACIÓN DEL DOMINGO XXII


30 Agosto 2025

¡Hola, amigo Jesús! 
Aquí sigues y aquí sigo.

Ya nuestra vida siempre será una vida compartida: yo contigo y tú conmigo. 

Tú con todos y yo con todos, en común-unión. 

Gracias por el ejemplo y las palabras del evangelio de hoy. 

Verte y escucharte siempre me invita a crecer, a mejorar, a apostar por la verdad buena, pura y dura también. 

Y me libera de tantas tonterías en las que me enredo, de tantos miedos que me paralizan, de tantas necesidades que me agobian…, y mira si tenemos tonterías, bobadas, enredos, miedos, agobios… y un largo etc.

No tengo que ponerme en el sitio que dice “el más importante”; (-y mira que nos gustan los primeros puestos, y ser los importantes…) no me tienen que decir que valgo mucho, que soy especial; no me tienen que felicitar por algo que dije o hice. 

Me sabré valioso y en paz conmigo y con los demás si he sabido entrar dentro de mí y saberme único e irrepetible (Dios me ha hecho bien), si me siento amado por ti con un amor inmenso e inmerecido, si sé que tú me aceptas ya, como soy… 

Y eso, amigo Jesús, lo voy sabiendo y gozando cada día más. Gracias por quererme como me quieres. El truco para liberarse de la necesidad de aprobación, del aplauso o el reconocimiento está en que yo me valore, me quiera, me sepa importante estando en el sitio de honor o el último de la cola... –y eso de ser el último…que poco nos gusta- 

Eso lo he aprendido también de ti. Gracias, amigo, gracias. 

Y tú “consejo” al que te invitó…: “Invita a los que no puedan pagarte ni con honores ni regalos”. 

Alégrate y deja que sea el Padre quien te pague cuando resuciten los justos. Ay, amigo, para llegar a eso, me parece que tenemos, tengo, que nacer de nuevo..., y cuántas “pegas” ponemos a eso de nacer de nuevo… con lo maravilloso que es en nuestra vida cristiana de cada día esforzarse un poco más, ese “poco”, es como un pequeño nacer de nuevo.  

Pero hace falta pensar y sentir como Dios y estar más empeñado en hacer en la tierra como se hace en el cielo. Y yo aún estoy lejos de eso.

Esto me obliga a hacer un examen hondo de conciencia, a revisar mis motivaciones, mi capacidad de ser pan que se da sin pedir, mi apuesta por lo gratuito, por el desinterés. 

  • ¿A quién invito a mi vida? 
  • ¿A quiénes dedico mi tiempo y mi cercanía? 
  • ¿De quiénes estoy más pendiente? 

De esto tenemos que hablar. 

En ti lo veo claro, y en mí también veo claro que estoy muy lejos.

Por eso, necesito pedirte: Señor, haz conmigo el milagro de que pueda parecerme a ti en eso de amar de balde hasta caer rendido. 
Amigo, hoy me has tocado muy hondo. 

Que tu invitación a crecer, a seguirte no se quede en agua de borrajas...