¡Hola, Jesús!
Tú no vienes a visitarme de vez en cuando, tú eres un residente que has puesto tu presencia continua en cada uno de tus hermanos. Gracias por estar siempre “en casa”, en el corazón.
Este domingo quiero, como María, sentarme a tus pies.
Hoy quiero sentir el amor y la energía que fluyen de ti, escuchar tus palabras y tus rumores, percibir el aroma de Dios que desprendes.
Quisiera aprender del niño Samuel a decirte confiado: “habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Y, ahora que estoy aquí contigo, tan a gusto, tan donde tengo que estar, tan en lo más importante, ahora me pregunto: ¿por qué en estos momentos se nos pasan por la cabeza tantas cosas “menos importantes?
La verdad que no me entiendo.
Y sé que a los hermanos les pasa igual. ¿Será el miedo a estar ante el Misterio que nos desborda; o que tú nos quieras llevar a donde no queremos ir?
No lo sé. Lo que sí sé es que me pasa y que nos pasa.
Ahora, mientras tantas “Martas” están agitadas y nerviosas en tantas cosas, yo decido estar aquí, contigo, sólo contigo.
Has salido a mi encuentro y estoy encantado de haberme dejado encontrar. Contigo me ha llegado el amanecer a un nuevo día; contigo la Vida me ha salido al encuentro, y me siento tan vivo…
Pedro te dijo: ¿A quién vamos a ir? Tú tienes Palabras que dan vida, vida en plenitud. Y yo cada día me doy cuenta que eso me está pasando un poco también a mí.
Por eso, en este ratito que estoy “sentado a tus pies”, te digo: Dime, recuérdame, trae a mi corazón y mi memoria palabras tuyas, esas que encuentro en el Evangelio. Dímelas ahora, dímelas a mí, así, “calentitas”, acabadas de salir de tu horno: No tengas miedo, vive confiado, abandónate en las manos del Padre. Mira los pájaros y los lirios, qué bien cuidados y guapos están. ¿Sabes que el Padre tiene contados hasta los cabellos de tu cabeza?
Anímate a ser como un pan para alimentar a otros. Eso es una sabiduría “escondida” que muchos no entienden, pero que es la manera de “salvar la vida”.
Quiere al Padre que tanto te quiere y quiere a la gente, aunque no te quieran. Así irás por la vida como va Dios. ¡Vive alerta, como un centinela! Y podrás ver las señales de Dios y de resurrección que están sembradas por el Padre hasta en lo más trágico...
Así evitarás la amargura y te inundará la Paz.
Si me acoges, yo VIVO en ti y tú VIVES en mí. Será una COMÚN-UNIÓN.
Y vete por la vida haciendo el bien que puedas. El que puedas. Tengo más que decirte. Ya seguimos en otro momento.
Amigo Jesús, gracias por estar siempre.
Ayúdame a abrir mi corazón y aprender a escuchar tu palabra.
Gracias Jesús, Señor y Dios mío.
Bitácoras
