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La vida Religiosa: Hoy (II)


15 Julio 2025

Me he tomado el pulso… y estoy contento porque el corazón me late bien. El arte es tomar bien el pulso de la vida. Vivir y saber qué vives. Si además vives lo que quieres vivir… te asomas a la felicidad.

Es evidente que diariamente nos ocurren cosas. Algunas veces, incluso, tenemos la sensación de que nos superan o condicionan la esperanza. Sin embargo, hay un punto en la vida en donde aprendes a vivir y reconocer el valor de la vida. No significa que todo te de igual, sino que de todo recibes argumentos de esperanza para llenar de sentido la existencia. La inconfundible esperanza con un rostro nuevo que te invita a vivir y creer en la vida.

Digo todo esto, porque en diversos encuentros y conferencias, estoy descubriendo mucha calidad en la vida de las personas. Será que dedico más tiempo a la escucha o será que estoy particularmente sensible ante quien vive agradecido sin que tenga que ocurrir nada extraordinario para experimentarlo. Lo cierto es que veo a muchas personas en la vida consagrada que son felices.

Son personas que están haciendo proyectos personales muy interesantes. Y da gusto tenerlos cerca porque son fuente de auténtica vida. Por eso me muestro “rebelde”, ante los Capítulos o Asambleas, ya sean “Locales”, “Provinciales”, “Generales”, donde se habla, se proyecta…etc, y al final la “Vida” de los hermanos queda a merced de un “tablero de ajedrez”, éste aquí, el otro allá…etc, sin tener en cuenta los deseos, las ilusiones, los proyectos…etc, de cada hermano, parece que en vez de personas, somos “relleno”, o “tapa agujero”…etc, en tiempo de una realidad de hermanos enfermos, ancianos…, que son un “tesoro” para la fraternidad…, con escasas o nulas vocaciones…, que seamos capaces de buscar más diálogo, comprensión y agrupar a los hermanos en fraternidades que no sólo tenga una labor pastoral, sino sobre todo que sean felices, sí, aunque nos dé miedo eso de la FELICIDAD.

Cada vez soy más consciente que la verdadera riqueza son las personas. Me da mucha pena cuando este principio se traiciona y algunos, muy confundidos sostienen, con uñas y dientes, instancias, organigramas y textos, aunque detrás no tengan personas. Entre nosotros, los consagrados, ha ido creciendo un número no despreciable de conformistas “enamorados” de sí mismos y de sus obras, que no alcanzan, por supuesto, a conectar con la novedad que los demás transmiten. Se manifiesta esta patología cuando somos el principio y fin de toda conversación, cuando todo lo hemos vivido o creemos que lo hemos vivido… cuando todo pasa por nosotros, aunque seamos incapaces de pasar por el terreno sagrado de la vida de los demás, porque hemos perdido delicadeza y calidad de escucha.

He reiterado que el problema de esta vida consagrada para tener porvenir no es nuestra debilidad numérica ni la ancianidad acumulada, es un estilo formateado en el que las personas viven juntas para protegerse, no para amarse; o se proponen tareas encomiables pero sin pasión profética y con mucho amor propio…

Hay algunas personas que creen que sinónimo de vocación es no amar… y reducen todo a una sucesión pobre de acontecimientos inconexos que no dan vida en el entorno. La reorganización es del corazón no de los inmuebles. El gran cambio es la conquista de libertad para redefinir vitalmente qué merece la pena; qué nos da vida y qué nos la va robando.

Es indudable que hay hombres y mujeres que saben lo que viven y lo aman. Están en la vida consagrada y tienen todas las edades. Disfrutan, con sentido, cada instante. Son capaces de empezar y soñar caminos nuevos. Están gestando mañana para otros. Están en espacios muertos, carcomidos de cálculo, pero saben relativizar. Estos hombres y mujeres, con sentido de vida y vida con sentido, han aprendido a diferenciar lo importante de lo consumible y lo valioso de la baratija. No polemizan, pero no dan la vida por cualquier convocatoria mediocre y aburrida...

Los que de algún modo lideran, tendrían que preguntarnos el significado de no pocos silencios. Muchos de ellos no son desafección al Reino, sino desafección al consumo de religión en el que ya no importa si llegamos a Dios o no, lo que importa es que las cosas se hagan, por el gusto de comprobar lo bien que las hacemos. Eso sí, sin preguntar por la calidad de vida… por si acaso… 

Lo que realmente importa es la vida de cada hermano, y juntos podremos vivir y sembrar espacios de FRATERNIDAD, o también si lo queremos, y no solo porque es el aniversario, porque debemos a hacer de nuevo el camino del “Cántico de las Criaturas”, “¡Loado, seas mi Señor, por los hermanos…, por la fraternidad…!”.