En el presente el mundo cristiano supone el 31% de los 7.500 millones de habitantes del planeta. La religión mayoritaria en el mundo, somos unos 2.300 millones de cristianos, de los cuales 1.300 somos católicos. Los otros 1.000 millones se reparten entre anglicanos, ortodoxos y confesiones evangélicas.
Según el centro de investigaciones con sede en Washington, en las próximas cuatro décadas, los cristianos seguirán siendo el grupo religioso más numeroso, un 30% de la población mundial, pero el islam crecerá más rápido que ningún otro credo. En 2050 el número de musulmanes en el mundo será prácticamente equivalente al de cristianos y en Europa constituirán el 10% de la población.
A la pregunta sobre si se consideran ateos, los ciudadanos de España representan el 16%, mientras que Italia, donde se encuentra la sede de la Iglesia Católica, tiene un 8%, y Polonia solo el 1% de ateos.
El país más impío del mundo, sin embargo, es China. El 67% de los chinos son “ateos convencidos”
En nuestro país el hecho religioso tiene su peso específico y una presencia notable. El 67 % de los españoles se confiesan católicos; el 3% son creyentes de otras religiones; el 16 % se consideran no creyentes y el 11% ateos. En España el 11,5% asiste algunas veces al año. El 13,4% asiste casi todos los domingos y festivos. El 8,8% lo hace alguna vez al mes. Y el 2,7% lo hace varias veces a la semana.
Sólo en el País Vasco residen 51.654 musulmanes. Por Territorios Históricos, Bizkaia es el que más musulmanes acoge, un total de 19.539; en Gipuzkoa residen 16.345 y en Álava 15.770. En porcentajes sobre el total de 2.100.000 habitantes de la Comunidad Autónoma, los musulmanes son del orden de 2,5% de la población vasca.
Los Centros de Culto en Euskadi son: 920 Parroquias católicas, 105 lugares de culto asociados a la Comunidad Evangélica, 56 Mezquitas, 35 salones del reino de los testigos de Jehová, 13 templos ortodoxos y 7 centros de otras confesiones, entre ellas 2 de la Cienciología, 4 Iglesias de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos como los mormones, y 3 templos budistas.
Esto es sólo una breve muestra de la realidad española del fuerte secularismo de nuestra tierra. Se constata que el número de fieles católicos ha aumentado en todo el mundo, incluso en Europa, después de tres años consecutivos de declive. Hoy hay en Europa 259.000 fieles más, y por ello, debemos indicar que el hecho religioso no goza de mala salud a pesar de las pulmonías de Occidente.
Son datos de cultura general. La humanidad sigue siendo mayoritariamente religiosa. El hecho religioso es parte de la vida humana. La cultura humana está transida por el hecho religioso, éste es transversal en la historia de la humanidad y en sus manifestaciones culturales. Cuando entras al mundo del arte, entras en el reino de la religión.
Desde su surgimiento en el siglo XIX, el arte moderno ha seguido explotando extensamente la temática y las imágenes religiosas. Aunque su ateísmo era explícito. Y quien dice del arte dice de las ciencias, la política, la educación, el derecho o la ecología...
En el presente y de manera particular en medio de la Iglesia, en el corazón de la misma estamos los Religiosos/Consagrados. En ese hoy de la Iglesia en general, pero de manera particular en la Vida Religiosa vivimos con una sensación de que “algo no va muy bien”, vivimos en un contexto de ambigüedad. Ni todos los titulares aperturistas tienen vida detrás; ni lo aparentemente conservador carece de vida, solidaridad y verdad. Hoy hay Religiosos que se han sentido respaldados… Hay ocasiones que se dan visiones tan contrapuestas que les falta claridad en el mensaje, y a veces no sabemos entender lo que queremos entender. Debe ser la autorreferencialidad tan presente entre nosotros que no nos deja libertad para acercarnos a lo que es verdaderamente diferente a nuestros pensamientos en ocasiones “enquistados”...
En momentos ambiguos no faltan los que quieren ideas claras y distintas; aquellos que solo encuentran solución que diferencien lo bueno de lo malo; lo injusto de lo perfecto. Estos y estas son también peligrosos, se les nota demasiado lo incómodos que se sienten ante el don de la libertad. Son incapaces de agradecer la luz que cada persona, que toda persona, desprende…
Son tiempos, sin embargo, muy interesantes para formarnos y crecer. Nunca, como ahora, hemos tenido espacio para ser, opinar y responder como queremos ser y estamos llamados a ser. Se han roto definitivamente cánones que aprisionen el pensamiento, para facilitar que la creatividad genere nuevos modos, estilos y respuestas. Y esto se comprueba en todos los ámbitos. Por supuesto, en el pensamiento, en el clima social, en la Iglesia y en la Vida Consagrada.
En estos últimos espacios, que por vocación y misión son los que más me interesan, percibo con alegría que cada vez hay más personas libres. No se engañen, no estoy diciendo que exista un clima generalizado de libertad. Pero sí personas libres que han aprendido a relativizar y colocar en su sitio algunas pasiones, otrora fuertes. Conozco hombres y mujeres que no dan un paso por obtener un cargo o un privilegio; que llaman las cosas por su nombre; que valoran más un minuto de vida en comunión, que cientos mandando…, que no son “trepas”… Conozco hombres y mujeres cristianos que son felices por serlo, independientemente de la relevancia social de su decisión.
Y es verdad que hay cierta sensación de que algo no va bien… Pero hay otro modo de ver esta realidad ambigua y difícil. El pecado de la guerra ha engendrado –estoy seguro– una generación comprometida con la paz; la desgracia de un terremoto, un volcán…, ha conmovido no pocas conciencias dormidas hacia el milagro de la solidaridad; el racismo, la xenofobia y el odio, que se han recrudecido, están encontrando que muchas bocas, antes calladas, ahora se atrevan, reivindiquen y clamen; torpezas como encabezar campañas misioneras con personajes de la crónica social, ha despertado la verdadera libertad misionera y el reconocimiento a un buen grupo de hombres y mujeres que han nacido de nuevo en los contextos más difíciles de nuestro mundo.
Sí, se puede mirar la realidad y pensar que algo no va bien. Depende de lo que queramos ver. Es verdad, que sigue habiendo quien habla de «olor a oveja», sinodalidad y fraternidad… que debería infundir cercanía, proximidad y encuentro y, sin embargo, sueña con sobrepelliz de distinción, distancia y reconocimiento. Pero, un signo de que «algo va bien», es que ha crecido la libertad sagrada de poder decirlo y señalarlo. Ha crecido la búsqueda de verdad que necesita vida y no se conforma ni se cree algunas palabras. A veces los “superiores mayores”, no están a la altura de la demanda de las Fraternidades y mucho menos o nada, de los sueños y deseos de los hermanos…
Bitácoras
