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Carta de Pentecostés


07 Junio 2025

¡Hola, Espíritu Santo!

¡Hola compañero de camino!

Quiero empezar deseándote la gloria con el Padre y con el Hijo.

¡Qué bien te salió aquello de “cubrir a María con tu sombra” y hacer su vientre y su vida tan fecunda!

¡Qué bien supiste mover a Isabel y a María para que reconocieran las maravillas que Dios estaba haciendo en ellas y en la historia y se desbordaran en gozo y agradecimiento!

Aquello sí que fue una fiesta total.

Era Dios y el universo los que danzaban en tu música al mismo tiempo. Era la fiesta de la Unidad, del Amor y de la Plenitud absoluta.

¡Qué bueno te salió aquel “Hijo del Altísimo e Hijo del Hombre” que engendraste en María!

Qué corazón siempre a punto; qué ojos para mirar todo como lo mira Dios; qué oído siempre atento para escuchar hasta los susurros más sutiles de la voluntad del Padre; qué Hijo fiel supiste construir en Jesús; qué capacidad de entrega para levantar a su alrededor ese mundo, ese Reino de Dios, que el Padre quiere para sus hijos.

Del viento no sabemos de dónde viene ni adónde va. Pero de ti sí sabemos que vienes de Dios y a Dios empujas todo y a todos, aunque no sepamos cómo lo haces.

Ya sé que no necesitas que te informe de cómo están las cosas, de cómo va la vida, pero quiero pensarlo delante de ti y pedirte, y agradecerte, porque sé que estás haciendo bien tu trabajo.

La Biblia comienza: (Génesis 1, 2): “la tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas”.

Y Dios, con tu aleteo, comenzó a poner belleza y armonía en todo. Qué manera más acertada de describir nuestra realidad de hoy. Cuánto caos, cuánto desorden, cuánta soledad, cuántas tinieblas, cuántas lágrimas, cuántas mentiras, cuántos desengaños, cuántas lloros…

Ven, Espíritu de Dios, re-crea armonía en este caos, re-crea belleza en tanta fealdad. Haznos instrumentos de paz y justicia..., como escribía y vivía San Francisco de Asís: “Hermana Paz…, hermano Sol…”, ¡loado seas mi Señor!

Que sepamos acogerte y colaborar contigo en la creación del cielo nuevo y la tierra nueva.

Jesús resucitado es el Hombre nuevo para la Humanidad nueva. San Pablo nos dice (Efesios 4): “Revístanse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en justicia y bondad”.

Espíritu Santo, no sabemos hacerlo, enséñanos. No nos decidimos a intentarlo: rompe nuestras inercias. Nos parece imposible: dinos que para Dios nada hay imposible.

Nos da miedo salir de nuestra zona de confort: recuérdanos las palabras de Jesús “no tengan miedo”. ¡Espíritu Santo, ven, ven, ven y haznos nuevos, a imagen de Jesús!

Espíritu Santo, en Pentecostés te manifestaste como una llama de fuego. Ya Jesús nos había dicho que había venido a traer el fuego de Dios al mundo.

Ay, Espíritu Santo, hemos perdido por los caminos de la historia el fuego del entusiasmo y la alegría, el fuego de la pasión, el fuego del amor exagerado.

Nos hemos sumergido en las cenizas frías de la rutina.

¡Enciende en nosotros la llama viva de tu fuego abrasador!

¡Espíritu Santo, ven, ven, ven y llénanos de tu “fuego”!

Hablando de ti nos dice Jesús que el que cree sentirá brotar de sus entrañas ríos de agua viva. Ríos; dice ríos; habla de abundancia, de exageración, de Vida. Pero eso no nos pasa. ¿Será que no terminamos de acogerte, que no nos dejamos inundar por tu presencia?

¡Espíritu Santo, ven, ven, y sorpréndenos con tu sobreabundancia! Espíritu Santo, dice el libro de “Los hechos de los apóstoles” (2, 1-11) que, cuando tú los llenaste, la gente de todos los países de la tierra entendían el anuncio de Jesús, cada uno en su propia lengua. Tú eras el idioma del amor en el que hablaban. Y ese idioma lo entendemos todos. ¡Socorro!

Eso no pasa en la Iglesia, eso no pasa en nuestras comunidades, en nuestros grupos. Entre nosotros pasa más bien lo de la torre de Babel, que hablando el mismo idioma, no nos entendemos.

Por cualquier fallo nos enfrentamos y nos distanciamos.

¡Ven, ven, ven Espíritu Santo! ¡Llénanos de la ternura de tu amor!

Tú ponías las Palabras de Dios en boca de los profetas. Nosotros somos profetas que no ejercen.

Espíritu Santo, ven y haznos fuertes.

Y darte gracias por derramarte en tanta gente buena, incluso no creyentes, que van por la vida haciendo lo que Dios quiere.

Ven Espíritu Ven.

Purifícame y lávame,
renuévame, restáurame Señor.

Ven, dulce huésped del alma.

Reparte tus dones y consejos.

Ven, y danos tu gozo eterno.

¡Ven y renueva la faz de la tierra!

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!