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Domingo de la Ascensión


31 May 2025

¡Hola, Jesús!

Hoy tengo que llamarte “Señor” con la boca grande y con todo el orgullo del que soy capaz. Eres el servidor total que hoy es levantado al señorío total de Dios. ¡Eres el “perdedor”, ganando! Como el agua que empapa la tierra y la fecunda, has vuelto al cielo, después de cumplir el encargo que el Padre te hizo. ¡Y qué bien lo hiciste! Por eso en la cruz te atreviste a gritar: “todo está cumplido”.

Siendo servidor te hiciste pan. Y, siendo pan, te partiste y te entregaste. ¡Qué buen retrato de ti y de tu vida ( y de Dios) nos dejas!

Dice el evangelio de hoy que los discípulos, después que entraste en la inmensidad del Padre, volvieron a Jerusalén rebosando de alegría.

Yo quiero sumarme hoy a esa alegría. ¡¡Hurra por ti!! ¡¡Qué bien te ganaste el ascenso!! ¡¡Ahora eres “el Señor” por siempre!!

Tengo claro que el trabajo por el Reino tiene que continuar. Tú has hecho tu parte, y ahora nos toca a nosotros continuar. Tú nos llenas de tu Espíritu para que cada uno sea “otro tú”.

Me parece oírte: ¡Venga, a pescar! ¡Venga, a sembrar! ¡Venga, a amar! Y confíen, el fruto no depende de ustedes. El fruto lo ponemos el Padre y yo, que llegamos antes a las personas a las que van.

Me gustaría, Jesús, ser capaz de mirar mis manos y ver, junto a mi mano, tu mano. Junto a mis pies, tus pies. En mi palabra tu Palabra. En mi debilidad tu fortaleza. En mi miedo, tu confianza.

Me gustaría saber que en mi bendición, tú sigues bendiciendo. Sé que nos dijiste que yendo al Padre, tú ganas infinitamente. Pero que también a nosotros nos conviene que te vayas, porque así nos enviarás el Espíritu. ¿Sabes?

Teóricamente lo entiendo, pero tengo ojos y me gustaría verte, tengo manos y me gustaría abrazarte, tengo oídos y, aunque medio sordo, me gustaría tanto oír tu voz…

Sé que lo haces bien: para que crezcamos, para que te descubramos más cerca, más dentro. Pero ya sabes que crecer es difícil.

Crecer es morir un poco.

Hay que dejar “lo conseguido” para llegar a lo nuevo, hay que romper el cascarón viejo para vestirnos del nuevo.

Es como morir y resucitar.

Y nos da miedo.

Gracias por entendernos.

AMÉN.