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Olvidar la naturaleza del lenguaje simbólico


26 May 2025

El lenguaje litúrgico, que suele ir acompañado de otros lenguajes, es fundamentalmente simbólico. A lo largo de la historia, cuando por falta de cultura bíblica por parte de las multitudes, o debido al obstáculo que supuso la lengua latina, los pueblos bárbaros se encontraron frente a los gestos de la misa, Amalario, obispo de Metz, en el siglo IX, con una buenísima intención pastoral, aplicó a la celebración de la eucaristía una discutible interpretación alegórica. O sea, explicó cada gesto de la misa en un sentido totalmente diferente e independiente de su significado auténtico. Así, todos los ritos de la misa, incluso los gestos puramente funcionales, se interpretaron a la luz de la pasión y muerte del Señor, que entonces comenzaban a despertar una especial sensibilidad devocional. Como consecuencia de ello, la misa, que es un grandioso y orgánico conjunto de símbolos pascuales, terminó por irse considerando como una simple representación teatral, o algo muy parecido a ella.

Por ejemplo, se acabó por decir que el lavatorio de las manos representaba el gesto de Pilato; que las cinco veces que el sacerdote, que celebraba de espaldas al pueblo, se volvía a saludarlo, correspondían a las cinco apariciones del Resucitado; que las tres cruces que en el canon romano se hacían sobre las ofrendas después del “Te igitur”, correspondían a la triple burla de Jesús por parte del sumo Sacerdote, de Herodes y de Pilato. Y así sucesivamente.

Es evidente que se trataba de una meditación sobre la pasión de Jesús, a veces bastante curiosa y laudable, pero la más de las veces reductiva en cuanto interpretación de la eucaristía, e incluso, en no pocas ocasiones, deformada, un proceso que conduce a la destrucción de la celebración, memoria absoluta de todo el misterio cristiano.


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