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La liturgia no es el ceremonial de la Iglesia


19 May 2025

Las últimas décadas nos ha acostumbrado a considerar la liturgia, la celebración del culto cristiano, simplemente como el ceremonial de la Iglesia. Nos ha llevado a identificar la misa dominical con el precepto; a considerar los sacramentos como una simple sacralización de los momentos importantes de la vida. Como simples ritos o pasos… En un contexto de cristiandad fundamentalmente sociológica, las celebraciones del culto cristiano terminaron muchas veces por reducirse a formalismos, a costumbres, a mera acomodación al comportamiento de la mayoría, a un espectáculo, a manifestaciones folclóricas, a un simple respeto por las tradiciones antiguas.

Ante estos enormes malentendidos muy difundidos, el concilio Vaticano II (1962-1965) quiso comenzar el texto de la constitución sobre la liturgia con una importante puntualización cuya finalidad está clara: “El sacrosanto Concilio se propone acrecentar cada vez más la vida cristiana entre los fieles –todos somos los fieles– adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover cuanto pueda contribuir a la unión de todos los que creen en Cristo y fortalecer todo lo que ayuda a llamar a todos al seno de la Iglesia. Por eso, cree que le corresponde de modo particular procurar la reforma y el fomento de la liturgia” (SC I). Bien distinto de cualquier ceremonial.

Ocuparse de la liturgia no significa hablar de ceremonias, de espectáculo, de folclore, de hermosas tradiciones del pasado, de costumbres sociales, de obligaciones rituales, sino de vida cristiana, de vida según el evangelio. Se trata de evangelización, de “fortalecer todo lo que ayuda a llamar a todos al seno de la Iglesia”; se trata de la comunión eclesial de todos los que creen en Cristo; se trata de misión para cuantos buscan a Dios y su salvación.

La liturgia expresa visiblemente la misión de toda la Iglesia: poner a los hombres en contacto con Dios. Por eso la celebración litúrgica no es solo objeto de estudio para especialistas; no tiene en cuenta únicamente al sacerdote y a los distintos ministros de la celebración, sino a todo cristiano que, por medio de ella, es llamado no solo a alimentar la propia vida en Cristo, sino a manifestar al mundo la presencia del Resucitado por medio de la asamblea convocada y modelada por el Espíritu Santo, que constituye hoy en cierto modo el Cuerpo de Cristo, la continuación del misterio de la encarnación.

El culto cristiano, en efecto, a través de todos sus signos (cosas, personas, gestos, acciones, palabras y espacios) constituye el instrumento fundamental para edificar la Iglesia y manifestarla a los ojos del mundo. “La liturgia, por medio de la cual se ejerce la obra de nuestra redención, sobre todo en el divino sacrificio de la eucaristía, contribuye sumamente a que los fieles, en su vida, expresen y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia, cuya característica es ser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos” (SC 2).

¿Cómo realiza y manifiesta la liturgia al mundo la obra de nuestra redención? A través de esos signos que alcanzan su objetivo cuanto más simples, auténticos y claros son (cf. SC 34).