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¡Señor Resucitado!


26 Abril 2025

¡Hola Jesús!

¡Señor Resucitado!

Te digo ¡amigo!, y sé que me quedo corto, porque Tú eres mucho más. Tú no eres ya sólo el Nazareno. Eres el Jesús del evangelio, pero catapultado a la inmensidad gloriosa de Dios, está aquí y allá en la Gloria eterna. Y ahí, ya lo sabes, te nos escapas, nos desbordas absolutamente. Y siempre siendo “Dios con nosotros”.

Tú que un buen día le dijiste a Pedro: “… tú eres la roca, sobre ti, edificaré mi Iglesia…”, y ahora el Sucesor de Pedro, ya está gozando de la Pascua eterna, Contigo, con tu Padre y con el Espíritu Santo… ¡Francisco!, tú que nos pedías oraciones, ahora nosotros oramos y te pedimos que ruegues por nosotros ante el Misterio Trinitario. Tu cuerpo reposa en Santa María la Mayor “salud del pueblo romano” “Romani populus salutem”, y tu alma para siempre en los brazos de María Santísima.

¡Qué suerte, amigo!

Me gusta ver a los evangelistas derrochando imaginación y utilizando recursos para presentarnos la novedad asombrosa que ha sucedido en ti y la certeza del corazón de que ellos se han reencontrado contigo. Ahora vives como Dios y ahora estás “más allá” de lo que nosotros podemos entender y decir. Pero ellos escriben su evangelio para gentes que estamos “más acá”, como tú estabas antes. Y tienen que utilizar recursos que nosotros podamos entender: Que si “la tumba vacía”, que si “te vieron”, que si “te palparon”, que si “comiste pescado” con ellos, que si te hiciste “presente estando las puertas cerradas”, que si “soplaste sobre ellos dándoles tu Espíritu”…

Es grandioso, pero se entiende: lo que “sabe” el corazón la boca no es capaz de decirlo con palabras humanas, porque las palabras se quedan muy cortas cuando se quiere expresar algo de Dios. Y lo tuyo ya es absolutamente de Dios.

Gracias, Jesús, muchas gracias por venir, por andar por nuestros caminos, por vivir todas nuestras penas y alegrías, por saber de nuestra vida y nuestra muerte, de nuestros anhelos y miedos, así también lo intentó Francisco, el sucesor de Pedro.

Gracias por “ir delante”, siempre abriendo camino. Siguiéndote ya sabemos a dónde vamos y cómo hay que ir por la vida. Me alegra mucho verte empeñado en ganar a los amigos para la alegría. Todos te daban por perdido. Quizás tu madre bendita fue la única que, como Abraham, esperaba contra toda esperanza, pero los demás… Y fuiste “ganando” a cada uno. Y los hiciste testigos de tu persona y de tu vida, y así lo vivió tu “siervo” Francisco. Sus discursos no serán una clase de teología; será el saber del corazón hecho palabra, hecho buena noticia. Ese lenguaje del amor que todos entienden.

Jesús, amigo, sé que cada día sales a nuestro encuentro, que nos hablas en directo, que nos amas con un amor muy vivo, pero no nos damos cuenta. Si no nos encontramos de tú a tú contigo nuestra fe se queda en doctrina, en ritos... En ese encuentro nos lo jugamos todo, pero todo, yo cada día quiero jugármelo todo y todos los días. Creo que tendrás que hacer un esfuerzo extra. Y hoy te pido de corazón que lo hagas: ¡Gánanos para la alegría!

¡Feliz Pascua de Resurrección!