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¡¡Hosanna al Hijo de David!!


12 Abril 2025

¡Hola, Jesús, amigo!

Hoy me pongo delante de ti con la “palma” en mi mano, y un ramillete de Hojas de olivo en el ojal de la chaqueta, y me pongo delante de los que nos llamamos cristianos, y me digo: “yo delante de mis hermanos, y de ti Señor”…, y que yo sea el primero en pisar las alfombras de las calles de Jerusalén y entonces cuando abro los ojos la perplejidad se apodera de mí, porque hoy eres Tú el primero que entra en Jerusalén:

¡Hosanna!

¡Bendito el rey que viene de parte de Dios!

¡Hosanna!

Y, quede claro: yo no soy el bueno. Te miro, y te vuelvo a mirar. Te escucho y te vuelvo a escuchar, y me asombro por tu grandeza y me avergüenzo de nuestra tibieza y cobardía.

¡Qué ser humano más grande eres!

¡Eres lo mejor de nuestra raza!

¡Que todos reconozcan el poder de Dios!

Eres un enamorado de la vida, pero estás dispuesto a darla por amor.

Con la misma fidelidad, eres fiel al Padre, fiel a ti mismo y fiel a la palabra de salvación que nos das.

Sabías que entrar en Jerusalén era “meterte en la boca del lobo” que quiere acabar contigo. Lo sabías y entraste, lo sabías y pusiste toda tu carne en el asador.

“¡Habitantes de Jerusalén! ¡Cómo me gustaría que hoy ustedes pudieran entender lo que significa la Paz!”

Con razón Pilato te presentó al pueblo diciendo: ¡¡Eh ahí al Hombre!!

Gracias, Jesús, por amarnos más que a tu propia vida.

Pero ahora me miro a mí mismo, ahora miro a mis hermanos, ahora miro a los que nos llamamos tus discípulos y se me cae la cara de vergüenza. No es que seamos mala gente, pero ¡qué flojos, qué incoherentes, qué poco o nada fraternos somos!

Me acuerdo de lo que dice Dios en la profecía de Isaías:

“Este pueblo me alaba de palabra y me honra sólo con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.

Señor, ¿sabes que hemos convertido tu pasión y tu muerte en espectáculo, entretenimiento, en un asunto cultural?

¡Qué horror!

¡Qué fácilmente seguimos los pasos procesionales y qué pocos pasos damos en el seguimiento de los valores por los que diste la vida! A mí eso me ofende. A ti seguramente no tanto, porque ves la buena voluntad de la gente y los amas más que yo. Lo tuyo siempre es amar y esperar.

¡Hosanna!

¡Que haya paz en el cielo!

Y decirte: estoy intentando aprender a escuchar el grito de las piedras.

A nosotros nadie nos tiene que mandar a callar. Nos callamos solitos.

Creo que las piedras están gritando tu amor y tu entrega, tu fidelidad y tu nobleza.

Creo que las piedras nos están hablando de ti.

Señor, nos han metido el miedo y la vergüenza en el cuerpo.

Tus discípulos apenas hablamos de ti.

Hemos escondido tu Fuego no sé dónde.

Jesús, amigo: ¡haznos fuertes, y sálvanos del miedo!

¡¡Hosanna al Hijo de David!!