¡Hola, amigo Jesús!; y este “hola” te lo tengo que decir en cada instante porque siempre tú vives en mí y yo en ti.
Hoy he tenido un día liado y tú lo has tenido liado conmigo, porque… ¿En qué momento no me acompañabas, me mirabas, me sonreías? Gracias, amigo.
Qué bueno y revelador lo que nos dice el libro de la Sabiduría de Dios: lo llama “amigo de la vida”. No se conforma con que la vida esté viva; Él quiere que la vida sea Vida en abundancia; para eso, nos dices, has venido al mundo, para que la vida sobreabunde.
Y lo que dice el salmo 103: (Dios) “no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas”; y también: “como está lejos el oriente del poniente así aleja de nosotros nuestros delitos”, porque el pecado es muerte y Él es “amigo de la vida”.
No sé cuántas veces te habré dicho: “Qué bien nos viene el evangelio de hoy”. Muchas veces, seguro. Y hoy me veo obligado a decírtelo de nuevo. Qué bien me hace, y seguro que a mis hermanos también, verte defendiendo a la adúltera, a la que la ley de Moisés condena.
Hoy te vemos, como Dios mismo, defendiendo la vida de una mujer, alejando de ella su delito, perdonando su pecado y abriendo un horizonte de luz para su vida en sombras.
¡Qué bueno, te pareces tanto a Dios…!
Te veo y me asombras y me llenas de alegría. Hasta aquí, bien. Pero tengo que escuchar también tu invitación a mirarme en el espejo de mi conciencia. Y aquí tengo que bajar la cabeza porque, siendo sincero, tengo que reconocer que me parezco más a los fariseos acusadores que a ti.
Es verdad que piedras de las del camino, que hacen heridas y sangran, de esas piedras yo no tiro, pero de las otras piedras que también duelen… No matan pero sí mortifican… y mucho; y de esas, yo tiro bastantes.
Es verdad que nuestro mundo, nuestra Iglesia, nuestros grupos están llenos de gente que comete barbaridades, o tiene defectos, que se comporta como no deben…
Eso está ahí. Y yo estoy ahí también. El asunto es cómo estoy y cómo debo estar: ¿cómo los fariseos condenadores o como tú, defensor de la persona, aunque haya fallado?
Nuestras críticas ligeras pero despiadadas, nuestra mirada despreciativa, nuestros pensamientos acusadores, nuestras murmuraciones por detrás…, no matan, ¿o sí matan?
Amigo Jesús, después de tanto tiempo contigo aún no sé, no sabemos, amar. Se nos nota al vuelo.
Maestro, que tu amor nos enseñe a amar.
Que tu comprensión nos enseñe a comprender, que tu perdón nos enseñe a perdonar.
Bitácoras
