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Un Reinado de Amor


24 noviembre 2024

¡Hola, amigo Jesús!

Este domingo, es uno de esos días en los que tengo que desbaratar todos mis esquemas, ideas, proyectos…, para atreverme a decir: “Tú eres Rey”. Pero me siento tan “pequeño” que ni siquiera me atrevo a decirte, mirándote a los ojos: “tú eres mi rey”. Entiendo que serías mi rey si te siguiera con fidelidad, si te amara más que a nada ni a nadie, si te dijera siempre sí, si te permitiera ocupar el centro de mi existencia. Y eso, ya sabes que no te lo permito. Está clarísimo, “tu reino no es de este mundo”. O es de este mundo, pero en el nivel en que se mueve Dios entre nosotros.

Jesús eres el Rey de los que se entregan, como Dios.

Eres el Rey de los que sirven, como Dios.

Eres el Rey de los que aman, como Dios.

Eres el Rey de los que perdonan, como Dios.

Eres transparencia y revelación del Dios que no podemos ver. Ahí, y en eso, sí que eres Rey; el Primero, el más Grande.

Eres Luz de Luz, como decimos, tan bien dicho, en el credo.

Ahora entiendo un poco por qué no aceptaste que te nombraran rey cuando triunfabas. Ahora entiendo que cuando casi todos te desprecian, cuando tus amigos te han abandonado, cuando tu misión parece un fracaso total, cuando prefieren a Barrabás, y nosotros nos encantan los “Barrabás”… entonces brilla en ti, como nunca había sucedido, el no-poder, el Amor a tu pueblo, la Fidelidad al Padre, la Verdad más limpia. ¡De todo eso sí que eres el Rey!

Ay, Señor, qué escasos estamos tus discípulos de eso que en ti destaca tanto. Perdonamos, pero muchas veces seguimos eligiendo a Barrabás. Mira con qué ligereza celebramos la fiesta de Cristo Rey. Y mira, al mismo tiempo, con qué inconsciencia no te dejamos reinar en nuestro corazón. Matarte no te matamos, porque algo sí que te queremos, y porque somos buena gente. Pero maniatarte, cortarte las alas, cerrarte la boca, no dejar que te muevas a tu aire en nosotros, eso sí que lo hacemos, y con mucha frecuencia, además. Me consuela y me anima mucho el ver, en el Evangelio, con qué paciencia y comprensión llevas las meteduras de pata y la mediocridad de tus discípulos. También en la Paciencia eres el Rey. Los conocías bien y los amabas más, y sabías que ese parto de nacer de arriba, de Dios, era un proceso lento. Y mantenías tu esperanza en ellos. Te agradezco mucho que también derroches paciencia con nosotros, tan despistados, tan mediocres, vulgares...

Gracias, gracias de corazón.

Me avergüenza verme “enramando” cruces y huyendo de todo lo que signifique esfuerzo y dolor. Me avergüenza el desparpajo con que te llamo “Señor” y luego no hago lo que tú deseas sino lo que quiero yo. Me avergüenza cantar con tanta ligereza “te seguiré a donde quiera que vayas”, y luego ir sólo a donde me apetece.

Porque eres el Rey del perdón, hoy te lo pido para mí y para todos, porque todos aunque nos desentendamos…, todos necesitamos del perdón, de tu perdón Señor Jesús.