Ante los desafíos de la humanidad y sus diversos países han de afrontar –en esta década del XXI– y que con decisión exponen personas sabias e instituciones inquietas…, nos preguntamos:
¿somos conscientes de ello?
¿esa conciencia influye en la configuración de nuestro servicio misionero, en nuestra forma de vida y testimonio, en la constitución de nuestras “presencias” y “fraternidades”?
¿cuál puede ser nuestra aportación carismática a la misión de la Iglesia que –en el pontificado del papa Francisco– se ha orientado en la línea de la “conversión pastoral y misionera”, la conversión hacia una ecología integral, y la conversión hacia una nueva fraternidad y sororidad en la casa común rebasando las fronteras y llegando a las periferias?
Ante la biodiversidad de la Vida Consagrada no vale la imitación…, hay entre nosotros antiguas órdenes, vida religiosa conventual, institutos apostólicos, institutos laicales, clericales, institutos seculares, nuevas formas de vida consagrada que incluyen también matrimonios laicos y ministros ordenados. Hay también familias carismáticas… Cada instituto debe re-inventar cómo situarnos “en modo Capítulo” y cómo procesarlo a los largo y ancho del territorio de nuestra Provincia, que ocupa un buen número de presencias ¿qué hacer?
Bitácoras
