Hola, Jesús.
En este domingo quiero hoy ponerme delante de ti como el hombre del evangelio, para que me mires con cariño y me digas la palabra buena que necesito escuchar. No quiero conformarme con estar frente a frente contigo; quiero, necesito que interactuemos. Quiero responder a tu cariño con el mío, quiero sentirme mirado por ti y mirarte, quiero responder a tus palabras con las mías, quiero responder a tu entrega con mi acogida.
El evangelio de este domingo XXVIII, dice que un hombre vino corriendo a tu encuentro. Ay, nosotros más que corriendo para ir a tu encuentro, más bien nos hacemos remolones y buscamos disculpas. Sólo corremos detrás de otros asuntos más materiales como negocios, obtener más dinero…, o de otros personajes que nos parecen más atrayentes... Me que te estamos perdiendo. Y perderte Jesús es ir sin rumbo. Me encanta lo certera que es tu mirada, porque es limpia, pura y cargada de cariño… En este hombre seguramente todos veían lo bien que le iba la vida, que era bueno y religioso, que era un hombre con suerte. Tú, porque pones amor en tu mirada, lo miras más al fondo y te das cuenta que “algo le falta”, que está en el camino pero su horizonte es él mismo.
Dios lo hizo para mucho más y se está quedando a medias. Necesita romper su pequeño caparazón para poder volar y vivir, vivir. ¿Ves? ¡Es un “peligro” dejarse mirar por ti! Es un peligro, porque nos destartalas nuestro bienvivir, tan trabajosamente conseguido, y nos colocas muy de otra manera frente a nosotros mismos, frente a los demás y frente a Dios.
¡Amigo Jesús, mírame ahora! Mírame hasta ese fondo a donde yo no soy capaz de verme. Sé que algo me falta, pero no sé bien qué. ¡Ayúdame a verme! ¡Qué ocurrencia la tuya con lo del camello pasando por el ojo de una aguja! ¿Ocurrencia? No, qué certero. Porque yo me veo intentando hacer posible lo imposible, reconciliar lo irreconciliable, nadar y guardar la ropa tantas veces…
Quiero seguirte sin terminar de seguirte. Quiero disfrutar la alegría del evangelio sin decidir amar a fondo perdido. Quiero pasar por el ojo de la aguja sin aligerar la carga de tantas cosas que me enredan. Quiero que me llenes sin vaciarme. Quiero “comprar” mi vida en la plenitud de Dios a base de “oraciones”, “ritos”, “privaciones”, “ayunos”, “sacrificios”… y no soy feliz. “Algo me falta”. Ayúdame y ayuda a los hermanos a escucharte. Señor, ¿qué me falta?... ¿Qué me falta?... ¿Qué me falta?... Tú Señor.
¿Ayúdame buen Jesús?
Bitácoras