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¿Quién soy yo?


14 septiembre 2024

¡Hola amigo Jesús!

Cómo estás… nosotros vamos “tirando”.

Hoy es de esos domingos en los que no es fácil ponerse delante de ti. Tú tan entero y yo tan indeciso. Tú tan libre y yo dominado por tantos mimos y miedos. Tú tan fiel a ti mismo a la misión que recibiste del Padre y yo que porque me duele un poquito no hago lo que sé que el Padre quiere de mí.

Es muy fuerte el rapapolvo que le echaste a Pedro delante de todos. Señor, en estos tiempos todos en la vida eclesial necesitamos un buen rapapolvo, un “tirón de oreja”. Pero me anima mucho que lo seguiste queriendo y confiando en él. Señor Jesús, a pesar de mis debilidades no dejes de quererme aunque sea un “fisco”. ¡Hasta dónde llega tu comprensión de nuestra ceguera y de nuestra debilidad!

Seguirte en el triunfo, qué bueno y qué fácil. Qué bueno seguirte en la gloria. Aprender de ti a “ver la vida como Dios” qué difícil. Ajustar la vida al amor, siempre al amor, es una decisión que no termino de decidir.

Jesús, gracias por tu comprensión.

Lo que he respirado desde niño junto al Venerable D. Luis Zambrano Blanco, Pbro con quien aprendí los principios evangélicos que han configurado mi vida religiosa y sacerdotal.

Aunque es cierto que lo que la vida te va enseñando, lo que he visto en los demás y las tentaciones de este sistema inhumano y corrupto que nos hacen blando e inseguro. Me han hecho pensar al revés de lo que piensa Dios: que se triunfa consiguiendo grandezas, que se vive a tope dándose la gran vida. Me han dicho una y otra vez que lo primero soy yo (los míos) y mi bienestar, que ayudar sí, pero sin complicarse demasiado. Me han dicho que yo valgo cuando consigo aplausos y aprobación. Y tranquilamente y sin planteármelo he caído en la tentación.

Y hoy llegas tú y me destartalas todo el tinglado de mis principios y de las razones que me han gobernado hasta ahora. Y no lo haces con un discursito teórico. Lo haces tomando decisiones en las que te juegas tu presente y tu futuro, tu bienestar y tu vida. No, no, Dios no piensa así. Así piensa el que es “mentiroso desde el principio”.

Yo les digo: Se gana perdiendo por amor; se asciende bajando hasta los infiernos; se salva la vida entregándola. Se es feliz sacrificándose hasta llorar de rabia o de dolor. Se vive a tope quemando la vida por amor. Es sano y liberador pensar menos en uno mismo y pensar más en el Padre que nos quiere y en el bien de los demás. Te estás retratando. Y completarás la foto cuando laves como un esclavo los pies a tus discípulos, cuando pongas tu vida en un pan y lo partas y repartas, cuando mueras en una cruz por amor, por fidelidad, por coherencia con todo lo dicho y hecho por ser libre.

¡Qué bueno escuchar el aplauso de Dios a tu vida resucitándote de entre los muertos! Ya ves que estamos muy lejos. Que tu Espíritu nos guíe por tus caminos y como Pedro vivamos: “Tú eres el Mesías de Dios” aunque después te apartó del grupo apostólico para reprocharte, ¡reprocharte Señor! sí y nosotros no estamos muy lejos porque con tanta frecuencia te reprochamos… Pedro se echó adelante, luego el reproche y después la corrección: «¡Pedro estás hablando como Satanás! ¡Apártate de mí pues no entiendes lo que Dios se trae entre manos! Te comportas como cualquier ser humano.»

Señor, cuánto nos parecemos a San Pedro, cariñosamente le llamo “mi Pedro” y es que todos y cada uno tenemos ese “impulso”, ese “sacar pecho”… y así vamos por la vida y lo peor es que así vamos por los caminos evangélicos. Y los reuniste a todos y les dijiste: “Si ustedes quieren ser mis discípulos tienen que olvidarse de sí mismos. Tienen que estar dispuestos a cargar con una cruz y a hacer lo que yo les diga. Porque si sólo les preocupa cuidar la vida la van a perder. Pero si deciden dar su vida por mí y por anunciar las buenas noticias entonces la salvarán. De nada sirve que una persona gane todo lo que quiera en el mundo si a fin de cuentas pierde su vida”.

Y termino con la oración de San Francisco de Asís al Crucificado:

Oh alto y glorioso Dios
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame Fe recta
Esperanza cierta
Caridad perfecta
sentido y conocimiento
para cumplir tu santo y veraz mandamiento.