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La misión de la vida religiosa (II)


12 septiembre 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

La misión de la vida religiosa es “simbólico-político”. La dimensión política es un rasgo esencial de toda misión profética.

La profesión religiosa tiene un carácter público: es profesión de fe y de vida evangélica ante la iglesia y ante la sociedad. Todos los cristianos están llamados a llevar una vida evangélica, pero algunos se comprometen públicamente mediante la profesión de pobreza, castidad y obediencia. Esta profesión pública da a la vida religiosa es esencialmente una experiencia del Dios de Jesús (dimensión mística). Pero no está en función de sí misma; está en función del Reino de Dios. Tiene la misión de anunciar y hacer presente el Reino en medio de la historia humana (dimensión política). Las comunidades contemplativas tienen la misión de testimoniar con su vida la importancia del silencio, la oración y la contemplación en el camino de la humanidad hacia su plena realización. Hoy muchas comunidades contemplativas se han revelado como verdaderos centros de evangelización y de militancia en favor de la espiritualidad y de compromiso apostólico. Tiene un valor profundamente profético y contracultural. Su vida es su propia misión.

Para las congregaciones apostólicas, su ministerio apostólico es componente esencial de su vida religiosa. El ministerio apostólico es la proyección más concreta del carácter público o político de su misión.

La tradición judeocristiana destaca dos rasgos esenciales de la misión profética: el anuncio de la Palabra y la práctica de signos liberadores. El profeta ha recibido la Palabra de Dios y está obligado a proclamarla, anunciando liberación y denunciando la opresión. Propone al pueblo un futuro alternativo frente a un presente de pecado y opresión. Afectado por una profunda compasión, convoca a la conversión y a la justicia, desde la perspectiva de los pobres. Así abre camino a una historia salvífica y liberadora a un futuro más justo y más humano, a una esperanza que se afianza en la fidelidad de Dios a sus promesas. Estos rasgos del profeta bíblico iluminan la misión de la vida religiosa.

La urgencia de la evangelización es hoy un signo de los tiempos. La evangelización es anuncio de Buena Noticia. Es más que simple indoctrinamiento o moralización. El anuncio de la Palabra que conduce a la experiencia de la fe e introduce al oyente en un proceso de conversión. Ese anuncio sólo puede ser hecho desde la experiencia carismática y con sólo puede ser hecho desde la experiencia carismática y con la fuerza del Espíritu. La misma Palabra que anuncia el Reino como gracia, denuncia todas las prácticas y estructuras del anti-Reino. La evangelización tiene una dimensión mística y una dimensión política. La vida religiosa no debe aprisionar la Palabra; ha de liberarla o anunciarla con libertad sin calcular las consecuencias. El profeta no es calculador ni oportunista; el carisma recibido y la urgencia ha perdido hoy parte de esta “imprudencia” porque ha perdido la parresía que caracterizó a los primeros evangelizadores cristianos

La evangelización de los pobres y desde los pobres es urgencia evangélica. Su carácter liminal obliga a la vida religiosa a discernir las “semillas del Verbo” que existen y crecen más allá del centro institucional de la Iglesia: nueva comunidades laicas, nuevos movimientos religiosos, nuevas experiencias de Dios en grupos social u culturalmente marginales. El diálogo ecuménico con otras confesiones religiosas y otras tradiciones cristianas es lugar privilegiado para la misión evangelizadora.

Pero el anuncio del evangelio requiere signos. Los profetas del AT, Jesús, los apóstoles…, predicaron y pusieron signos liberadores para acreditar la fuerza liberadora de la Palabra. Hoy son signos especialmente significativos la solidaridad con los pobres y el compromiso con la justicia y los derechos humanos. El sínodo de los obispos sobre la justicia afirmó con fuerza una tesis fundamental: el compromiso con la justicia es parte esencial de la evangelización. La solidaridad con los pobres y el crecimiento de la justicia significan una actualización de la buena nueva, una práctica actualizada del Reino de Dios.

La vida religiosa compasión con el mundo, debe caracterizarse por la pasión de Dios y la pasión del mundo. Com-padecer significa padecer con el mundo, tomar sobre los propios hombros el dolor y el pecado del mundo y reaccionar con entrañas de misericordia. La compasión convierte la evangelización en un anuncio de buena nueva a los pobres: hace el milagro de compartir el pan y rehabilitar al caído; permite comprender qué significa estar en el mundo sin ser del mundo. La compasión da la medida evangélica de la vida religiosa, como fuerza carismática y profética de la Vida Religiosa en medio de la Iglesia y del mundo.