Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
En la vida religiosa hay dos etapas: la comunidad y la misión. Por eso hablamos de su identidad, de “ser” o “hacer”; el ser es más importante que consiste en el ser, no en el hacer; el ser es más importante que la tarea; la misión de la vida religiosa no es la actividad profesional, sino el ser carismático; lo importante no es lo que hace por la humanidad, sino lo que significa para ella; la razón de la vida religiosa no es la razón instrumental. Sino la razón simbólica… todo ministerio cristiano es ante todo una presencia, una relación interpersonal, antes que una simple actividad, aunque desemboque en esta y se exprese a través de ella.
La vida religiosa es esencialmente carismática. Su misión consiste en vivir esa experiencia carismática. Su misión consiste en vivir esa experiencia carismática y dejar que la vida la testifique o la haga transparente. La vida religiosa es una forma de “estar en el mundo”. Debe luchar en la Iglesia “contra la confusión o mezcla demasiado rápida de función social e identidad religiosa de vocación y profesión.
La tesis no está exenta de riesgos. En primer lugar, puede convertir a los religiosos en simples parásitos de la sociedad. Para que una vida contemplativa resulte testimonial y significativa debe tener honda densidad carismática. La misión, el compromiso, los desafíos actuales de la vida religiosa son exigentes y dan miedo. Pero aún hay un riesgo más grave: separar el ser y el hacer. Sólo por la vía de la síntesis entre el ser y el hacer, entre la vida y la misión, entre la contemplación y el apostolado…, es posible definir la identidad y la misión de la vida religiosa. Concebir el ser de la vida religiosa en oposición a la misión no es buen camino.
La constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual, marcó la renovación de la vida religiosa. “Encarnación” y “compromiso” han sido palabras mágicas en esta etapa posconciliar. La vida religiosa tiene hoy el desafío de armonizar el ser y el hacer, la consagración y la misión, la contemplación y la tarea apostólica, la dimensión carismática y ministerial. Es preciso llenar de densidad carismática la misión y extrovertir el carisma hacia la Iglesia y la sociedad. Es urgente conjugar la “presencia simbólica” y la “acción apostólica”, de acuerdo con el carisma fundacional de las órdenes y las congregaciones. Todo carisma tiene una dimensión místico-política. Y toda misión debe fundarse en una experiencia carismática. El ser y el hacer son esenciales a la identidad y a la misión de la vida religiosa.
Es verdad que el trigo del Reino crece de forma invisible entre la cizaña del anti-Reino, y tú Señor, sabes bien, cuánta cizaña hay en el interior de cada uno…, en el interior de cada comunidad cristiana, y más triste, en el interior del presente de las pequeñas comunidades de la vida religiosa…, ¡cuánta cizaña…, cuánta maldad…, y así vamos a realizar proyectos evangélicos de pastoral vocacional… ¡Señor, ayúdanos!
No tomemos como medida de la vida religiosa la “nula” convocatoria vocacional, y el activismo…, si tomamos como medida la vitalidad de las comunidades religiosas…los resultados no son nada prometedores. Por eso, es justo que la vida religiosa vuelva primero a la mirada del o los problemas de su ser y de su identidad, para redescubrir su misión. Es bueno regresar a las fuentes del ser carismático para fecundar la vida y la misión. Sin olvidar que el ser y la identidad son incomprensibles al margen de la misión; y porque la misión –no el simple activismo- es camino seguro para redescubrir y revitalizar la vocación, el ser y la identidad de la vida religiosa.
La vida religiosa tiene hoy el desafío de armonizar el ser y el hacer, la consagración y la misión, la contemplación y la tarea apostólica, la dimensión carismática y ministerial. Es preciso llenar de densidad carismática la misión y extrovertir el carisma hacia la Iglesia y la sociedad. Es urgente conjugar la “presencia simbólica” y la “acción apostólica”, de acuerdo con el carisma fundacional. El ser y el hacer son esenciales a la identidad y a la misión de la vida religiosa.
Bitácoras
