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Comunidad de seguimiento y vida religiosa (III)


29 Agosto 2024

Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)

Es preciso cuidarse de aquellos que todo lo quieren resolver a golpe de ciencia infusa…, a solucionar problemas con maneras autoritarias, dictatoriales…, y aquí las cosas se hacen como yo digo…, eso aún es más lamentable, porque el responsable no es el “ordeno y mando”, ni el supervisor de todo…, hay que dejar tiempo y espacio a los miembros de la comunidad, a los hermanos, y ese hermano es un don, un regalo de Dios…, no estés con “escupitajos”, para que cuanto antes el superior mayor lo traslade…, o lo ponga en la vía de salida…, de todo hay…, pero estamos llamados a superar, a inclinarnos ante el misterio de la Cruz.

Es preferible amar a la comunidad real que enamorarse de la comunidad ideal o del propio ideal de comunidad. Esta tentación de enfatizar desproporcionalmente la importancia de la comunidad está inspirada a veces en motivos poco evangélicos. El realismo comunitario exige una cierta distancia frente a los discursos románticos sobre el amor y la comunidad, tan frecuentes “al caer la tarde”. Discursos que crean expectativas, que con frecuencia son camino seguro hacia grandes decepciones. El realismo exige, en primer lugar, asumir las diferencias entre las personas y formar hábitos democráticos para el respeto, la educación, el diálogo…, comunitario (y esto de encontrarse un rato juntos para tratar al menos un tema, es algo que desconcierta y huimos…); el ideal de la comunidad religiosa no es Babel, donde todos tenían el mismo lenguaje que no era el suyo, y sin embargo nadie se entendía; es Pentecostés donde todos hablan distintas lenguas y todos se entienden. Por ello, no podemos olvidar que cuanto más débil e insegura es una persona suele ser más dogmática y fundamentalista… etc, que crean situaciones tristes de ruptura no sólo con el carisma, sino con el misterio de la fe en Cristo.

No olvidar que una comunidad religiosa madura requiere instancias institucionales para el debate público y la decisión democrática de los asuntos relacionados con la vida, los hermanos y la misión. Capítulos, Consejos, Asambleas, jornadas de discernimiento…, encuentros por Zonas, visitas… etc. estas instancias son decisivas para la construcción de la comunidad. La inhibición o el retraso indefinido en la toma de decisiones o en la ejecución de las mismas es otro virus corrosivo que acaba desintegrando la comunidad o desmoralizando a sus miembros. En el fondo hoy por hoy en la vida religiosa es grande el miedo a mirar de frente los problemas comunitarios y a enfrentarlos con decisiones y ejecuciones concretas…, a veces nos parecemos al avestruz, o a la cigüeña (recuerdo las de la Torre –campanario- del Real Monasterio de Guadalupe, que siempre mira para el lado contrario donde están los problemas) la comunidad religiosa se construye sobre la misión compartida. Toda comunidad cristiana debe ser una comunidad “extro-vertida”, en función de su misión; también la comunidad religiosa. Esta “extro-versión” misional tiene un gran valor terapéutico. Libera a la comunidad de las neurosis y psicosis que produce frecuentemente el encerramiento en sí misma. No olvidemos misión viva significa comunidad viva… también hay que decir, que el mucho hacer tampoco necesariamente es señal de una misión viva. El ser mismo de la comunidad es el primer compromiso apostólico. La práctica de la fraternidad evangélica es el testimonio más efectivo. Las relaciones gratuitas, igualitarias, serviciales, solidarias… de los miembros de la comunidad y de esta misma con otros grupos, son el mejor testimonio en un mundo abocado a las relaciones comerciales, discriminatorias, utilitarias, insolidarias… la comunidad religiosa debería ser un laboratorio de convivencia justa y fraterna para la sociedad.