Carisma…, Profecía... (Vida Religiosa)
La comunidad es un lugar de santificación personal, pero en un sentido mucho más positivo. La comunidad es el lugar de conversión. Es el lugar propicio para compartir la escucha de la Palabra y la búsqueda de la voluntad de Dios; para aprender el servicio, la solidaridad y la entrega cotidiana de la propia vida: para ser animado y acompañado en la tarea del seguimiento; para compartir la misión…. Una comunidad así entendida favorece el ideal eclesial sin negar el ideal personal. Es una comunión de personas distintas en un mismo proyecto evangélico.
La comunidad religiosa no tiene un sentido meramente funcional. Tanto su ser como su misión deben ser originalmente una experiencia teologal, una experiencia de la presencia y acción de Dios y de su Reino. Los hermanos se ponen a vivir juntos porque el Señor los ha llamado a una misma vocación y misión. Sólo desde una conciencia firme de esta común llamada y la común fe en el mismo Señor es posible construir la comunidad religiosa.
La comunidad religiosa es obra del Espíritu Santo. Pero al Espíritu hay que dejarle trabajar, lo cual no es fácil, sobre todo cuando cada uno va a lo suyo, y olvidamos que la vida religiosa es cuestión de comunidad del Señor, sin olvidar la espiritualidad de la gratuidad (todo lo indicado en este párrafo no será el gran problema de la vida religiosa, convivencia…, y que los otros simplemente están…), porque no olvidemos que es necesario poner en prácticas comunitarias que garanticen esa conciencia teologal de la comunidad religiosa. La común escucha de la Palabra, la oración compartida (que no es un orar las “horas canónicas” en un “coro”, o “capilla”…, al estilo de “loros” con verborrea, y fuera no se pueden ver…; la oración compartida no es rezar todos al mismo tiempo y en el mismo lugar…; es dejar entrar en la comunidad al Espíritu del Señor y su Santa operación…) La celebración comunitaria de la fe, por ejemplo la Eucaristía (lo normal es que dicha celebración, sea, estén y participen todos, por encima de ideologías, gusto, modas, tiempos…, sin olvidar que desde el Vaticano II, celebramos la Santa Misa conforme a la Sacrosanctum concilium, lo que significa entre otras realidades, la unidad litúrgica con la Iglesia universal). No olvidemos que siempre la Eucaristía es la que construye la comunidad –la Vida Religiosa- ; no es un asistir a los mismos actos….; lo que está en cuestión en la comunidad, la comunicación y la comunión de fe.
La convivencia en la comunidad religiosa encuentra una base firme en la experiencia teologal del don y de la gratuidad…; a veces observamos un simple coexistencia con cierto pacifismo, marcado por la división…, sin ningún sentido de comunión…; ante esas y otras muchas realidades muy “lastimosas”, donde con cierta frecuencia los responsables superiores, miran hacia otro lado…, que se las apañen…, eso es “duro”, “irresponsable”…, de ahí que la expresión más profunda en la vida Religiosa, y en la Iglesia es el amor, el perdón, la reconciliación…, y ese largo etc de “críticas”, “miradas”… lenguajes como: “ese”, y el “otro”…; necesitamos urgentemente la “gratuidad”…, la corrección fraterna, con prácticas esenciales en las que cada día se construya la Comunidad, en la igualdad dentro de la diversidad…, una fraternidad de personas distintas… pero todos llamados por el Señor. Ahí es necesario una persona –un superior mayor- que realmente se enfrente y sea capaz de calmar los ánimos…, dialogar e ir a lo esencial: construir una comunidad, una fraternidad, y para ello hay que tener las ideas muy claras, una fe puesta a prueba, pero sobre todo mucho amor, mucha caridad y comprensión…, por el bien de las personas, es necesario la corrección fraterna como base esencial para vivir.
Sabiendo que la dimensión teologal no elimina la dimensión humana. La gracia no destruye la naturaleza, sino que viene en su ayuda. Es preciso ser realistas. Llamados y unidos en el Señor –es posible que existan diferencias, pues cada cual tiene su origen, historia, carácter, cultura…-, somos o debemos ser conscientes de que la convivencia es siempre difícil, pero todos sabemos que la convivencia es una de las tareas más arduas en la vida humana, y ahí los religiosos no estamos exentos. Hay que buscar el trabajo en equipo. La formación inicial. El discernimiento vocacional, el procesamiento de conflictos, la organización de la misión…, nos ayudará la psicología, la pedagogía, la antropología… nos ayudará el Señor ¿te parece poco?
Bitácoras