¡Hola!, con lo que uno puede observar, parece que estamos ante una próxima, o ya realidad que nos esperan enormes desafíos en el mundo de la liturgia. Me parece que corren aires que con una cierta quietud…, pero me da que detrás de esa quietud hay un encubrimiento, más bien “solapado”, en el cual con silencio, discreción…etc, van “colando” esquemas ritualistas “pseudos”, que sin vigencia y licitud van apareciendo en las cabezas de nuestros jóvenes con un corte de pelo muy moderno y el “tupe” muy “engominados de giorgi” de los jovencitos con ciriales…etc, Sotana negras –no precisamente de costurera casera-, de anchos “clergyman romanos”…, por supuestos zapatos negros impolutos con las hebillas doradas o plateadas con el escudo de la Entidad…, lo que nos habla de buena marca y de los mejores talleres de la Ciudad del Vaticano, así como los elegantísimos Roquetes de anchos encajes de alta calidad e impecables guantes blancos en los desfiles procesionales. Y así asistimos a un buen y perfecto desfile procesional…, aunque que en las paradas no falta el mejor móvil del momento: Galaxy S24-Ultra; Huawei.pun-70.Ultra; Smartphon…
Perfecto desfile…, y que conste que me gusta la elegancia en las celebraciones litúrgicas, porque dice mucho del misterio que celebramos, pero repito, me da que detrás hay un “tufillo”, muy alejado del Vaticano II. Y en una parada –habitualmente un poquitín larga- , con cierta precaución me acerqué y pregunté a los jóvenes: qué tal…, que elegantes…, tenéis que ser muy devotos… y muy buenos cristianos…, al momento surgen miradas, sonrisas…, y con cierto desparpajo, guasas, sonrisas…, y uno me dice: “estamos y lo hacemos a la mejor pulcritud no por credos, devociones…, sino por el “parnet”…, y respondí: “…pero si no sois cristianos qué hacéis en una celebración cristiana…, …no nos haga reír…”, o está usted en babia…, aquí por llevar un cirial al final de las horas, recibimos tanto…euros –venimos por la “papela-”.
Y me pregunto “boquiabierto”, pero qué hay detrás: ideales, nostalgias, revanchas…, más un “anti”…, incluso utilizando la propia vida de la Iglesia. Asistimos a algo “pasado de moda”, pero que quiere a toda costa volcar los principios evangélicos, y “chotear la sacrosanctum concilium”, la cual en su inicio nos dice:
“Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia”.
Ante esto me parece que la cuestión nos esa perfección de ornamentos, sino un “rechazo” al Concilio Vaticano II –que en 2025 celebramos los cincuenta años de su clausura-. De ahí, hay que dar una mirada a las celebraciones ad intra de estos grupos…; me parece que tenemos un “gran Desafío”, el conocer, profundizar y poner en praxis la Constitución dogmática sacrosanctum concilium.
Esto da pie, a algo que poco a poco y en las últimas décadas van “resurgiendo”, una vuelta “atrás”, un “imponer”…, esquemas o pseudos de manera “neuróticas”, a la vez que “burlesca”…, esquemas de una litúrgica que ya hace siglos está fuera de los cotidiano y forma parte de la historia litúrgica de la Iglesia, que a lo largo del tiempo ha sabido, estar a la altura de las épocas –con más o menos acierto-, sobre todo del vivir de los fieles cristianos y de todos los pueblos y hombres y mujeres…
Y me pregunto, porque me resulta curioso cómo la liturgia se convierte frecuentemente en campo de batalla entre nosotros, católicos (no aludo a estos ritos cristianos, que ese es otro largo tema): cortejos procesionales, ornamentos de presbíteros o de diáconos en los acólitos, que ni siquiera han recibido el ministerio del acolitado. Y la problemática de la comunión en la boca, en la mano, de si de pie o de rodillas, o en el reclinatorio; de pie o de rodillas en la consagración y un largo etc; lenguas vernáculas o latín; órgano o batería y guitarras; canto o silencio; comunidad o piedad personal… y un largo etc.
La reforma litúrgica ha sido uno de los frutos más preciosos del Concilio Vaticano II, aunque a algunos –yo diría a muchos- les cueste reconocerlo. En estos momentos, la liturgia católica se enfrenta a desafíos como anteriormente he aludido, y de una manera muy general, porque el debate es más tenso.
Hay que tener en cuenta y poner de manifiesto la centralidad del misterio de Cristo: la Pascua. Todo debe girar en torno a esta dinámica que surge de la muerte y resurrección de Cristo. No solo la Eucaristía, sino todo sacramento es celebración del misterio pascual, es vivencia del paso de la muerte a la vida. Si no logramos ayudar a nuestras parroquias, comunidades, grupos, y fieles en general a descubrir y vivir esto, despojamos a la liturgia de su elemento central, la empobrecemos y privamos a los cristianos de los mejor, dejándolos con el envoltorio, pero sin el regalo. Y mira si quedan “envoltorios” después de cincuenta años…, perdiéndonos el abrir el regalo: Cristo resucitado y vivo en su Iglesia resucitado.
Debemos lograr una liturgia equilibrada. Sí, debemos guardar el equilibrio entre muchas polarizaciones: Palabra y acción sacramental; silencio y palabras; dimensión comunitaria y personal; tradición y creatividad (¡fidelidad creativa!, recordando que la tradición ha sido fruto de la creatividad de otras generaciones); eucaristía-banquete y eucaristía-sacrificio; celebración de la fe y compromiso en la vida; asamblea e individuo; ministerios ordenados y laicales; presidencia y participación de todos; enseñanza y testimonio; alegría explosiva y profundidad silenciosa… cada una de estas alternativas, que presentan polos no excluyentes, merecería una reflexión puntual y propuestas pedagógicas, con una buena y profunda preparación para todos (conferencia episcopal, Diócesis, Parroquias, Hermandades-Cofradías, Grupos de Oración. Catequistas...grupos parroquiales… etc).
Toda esta realidad nos tiene que llevar a conseguir una más auténtica y profunda inculturación. La utilización de las lenguas vernáculas en la liturgia ha supuesto un esfuerzo y un avance extraordinario en la inculturación, pero no basta.
Esto implica que la liturgia incorpore palabras, gestos y símbolos propios de la cultura de la comunidad que celebra, a fin de que el único y fundamental misterio de Cristo resulte expresivo y hable a las personas, tocando su mente y su corazón.
No es ninguna novedad: la historia de la Iglesia ha dado ritos tan variados como el latino y los de las diversas Iglesias orientales, el mozárabe de Toledo, el zaireño del Congo y el ambrosiano de Milán y un largo etc. Todos son legítimos y buenos, ninguno mejor que los demás y todos diferentes, todos nos llevan a celebrar y vivir el misterio de Cristo en su Iglesia universal.
Ha habido de todo, falta de información, y por supuesto una gran falta de formación…, dejadez, abandono…, salir del “paso”…, y etc. en otros apuntes abordaré al menos el esquema de la Constitución dogmática: Sacrosanctum Concilium, sobre la vida de la Sagrada Liturgia de la Iglesia, Santa, Católica y Apostólica.
He titulado el artículo: “Desafíos”…, sin duda todo lo que hoy vemos y vivimos en la Iglesia, de alguna manera se ha convertido en un “desafío”, a la propia liturgia de la Iglesia, y un desafío a la vida cristiana.
Que sea el Espíritu del Señor y su santa operación el que nos asista, y nos llene de su luz y su sabiduría para el bien de toda la Iglesia.
Bitácoras