¡Hola, amigo Jesús!
Hoy quiero de nuevo hablar contigo “un fisco”, porque a veces no me entero, tal vez porque voy a lo mío… En el evangelio de este domingo hablas con tanta claridad…, por eso te pido: ¡Señor, háblame clarito, porque quiero seguirte!, y también con mucha claridad a los que desean seguirte y no saben por dónde tirar.
Tal vez Señor, eso de la “semilla del Reino de Dios”, no sé si está sucediendo entre nosotros, aquí y ahora en la Iglesia, porque no sé…, andaré un poco o un mucho “despistado”, porque parece un desastre, un sinsentido, un caos...
Y hoy, vienes y nos dices que el Reino de Dios es como una pequeña semilla que casi no se ve…, será que nos hemos acostumbrado y miramos tan superficialmente. Pero ahí en esa “pequeñez”, en esa “Minoridad”, que está llena de vida, de tu Vida Señor. Y tampoco vemos eso del Reino, pero está ahí, lleno de fuerza, de fecundidad, de energía…, creando “futuro”…, aunque la realidad de cada día, a veces tan dura, tan inexplicable…, dice lo contrario.
Amigo…, ¡buen amigo!, danos la capacidad de mirar la realidad no con nuestros ojos, sino con tus ojos, porque nuestra mirada es torpe, miope, mezquina, turbia…; lo cierto es que sea como sea, la semilla crece, estemos como estemos, más dormidos, más despiertos, a nuestra “bola”…, ella sigue creciendo, y ese es el poder, bueno tu poder, o mejor tu “gracia” Señor. Crece por sí, con la ayuda de la tierra, el sol, la luna, el agua… no por nuestro trabajo. Y todo nos parece que va bien, pero cuando vienen las dificultades, buscamos salidas y soluciones para estimularnos, y avanzar en el “seguimiento”.
Hoy ¡buen amigo!, quiero pedirte que todo mal que nos rodea nos sacuda, y espabile tanto bueno, grande, y hermoso que llevamos dentro…, y no nos enteramos. Que las guerras despierten el deseo de la paz. Que el deterioro de la “madre tierra”, despierte en nosotros el deseo de cuidar el planeta, “nuestro querido planeta tierra”. Que viendo tanta hambruna nos comprometa a cuidar todo lo vivo como la “semilla” de la justicia, la generosidad, la cercanía de una mano amiga, una caricia, una sonrisa…, que nos cuidemos todos un poquito más y mejor, en medio de este individualismo feroz y corrosivo y “tóxico”…, y nos comprometa a trabajar por la unidad y el amor fraterno.
Que la soledad nos empuje a acompañar, a hacer nuestro los deseos he inquietudes de las personas. Señor, que no caigamos en la tentación de entrar en el “mundillo” del lamento, los lloros, el pesimismo…, que hagamos lo que hagamos, que sembremos la “semilla del Reino de Dios”. Pero eso me lo tengo que creer y en serio. Y saber que la Iglesia somos todos, y todos somos “semilla”…, y que más allá está el mundo lleno también de “semillas” de bondad, de cariño, de diálogo…, que lo sepamos descubrir y cuidar. Porque lo nuestro, lo de cada día como el Padre nuestro es “sembrar” y no cosechar…, que cada día me ponga en camino con deseos de sembrar tanto bueno que puedo y que los demás necesitan y esperan…
¡Señor!, yo quiero ser una pequeña “semilla del Reino de Dios”, pero contigo.
Gracias.
Bitácoras