En las primeras horas del pasado sábado (7 de octubre de 2023 - N. S. del Rosario), se alzaban las armas en la Franja de Gaza, dando paso a la guerra que ha provocado muertos, heridos y secuestros en Israel y Palestina. Un conflicto que se suma a tantos otros que desangran el mundo… (Papa Francisco)…, de nuevo la guerra en Oriente Próximo (franja de Gaza –Palestina, contra el Estado de Israel-), donde la violencia ha estallado ferozmente, y sabemos que “toda forma de ataque contra civiles, venga de donde venga”, ya que “son acciones que van en contra de los principios fundamentales de la humanidad y en contra de las enseñanzas de Cristo”...-Patriarca Latino de Jerusalén-.
Y resuena la Palabra Dios del domingo en la que el profeta Isaías, y el salmo 79… nos decía: “la viña del Señor es la casa de Israel”; y san Pablo a los Filipenses (4,6-9), “…nada os preocupe…, y el Dios de la paz estará con vosotros”…; Y el Papa ha pedido que recemos por la paz, y nos urge a todos rezar por la Paz (pācem…, pāx), que es un estado en equilibrio y estabilidad entre todas las partes de una unidad –que son las personas, los pueblos, las culturas…-, que lleva a una mínima tranquilidad mental para todos, porque convivir en paz (y a esto están llamados todos los pueblos –Ucrania -cada día martirizada-, Palestina, Israel…-), y hoy más que nunca es necesario aceptar las diferencias y tener capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica…; con capacidad de relación de armonía entre las personas, las sociedades, los pueblos…, sin enfrentamientos…, aunque tristemente es la realidad que se mueve en nosotros, en nuestro entorno –próximo o lejano-. Y esto ha faltado y falta en Palestina, en Israel…, y en tanto pueblos, sociedades, personas…, también en ti y en mí.
Sigamos a pesar de los pesares, trabajando para buscar y trabajar por la paz, la justicia, la misericordia…, para lo que es necesario poner fin a las armas, a la guerra…, hay que erradicar desigualdades, iniquidades y falta de oportunidades…, y el respeto por los Derechos Humanos, que nos ofrezcan bienestar y equilibrio a todos los niveles. Es necesaria la cultura de la paz, es necesario fomentar valores, actitudes y comportamientos como respeto, tolerancia, igualdad, comprensión, solidaridad, diálogo, negociación y consenso…, y esto hará crecer y vivir en paz a palestinos, a israelitas, a tantos…, busquemos realidades que fortalezcan y restablezcan la convivencia armónica y los lazos entre los individuos –personas- de una misma comunidad, pueblo…, con una mirada crítica y positiva en la búsqueda de la paz.
En Tierra Santa la Sagrada Escritura proclama: Paz-Shalom en Israel, y Salam en Palestina en los saludos que buscan buen deseo, bienestar –material y espiritual-… «La paz esté contigo» o «con vosotros» (cf. Gn 29, 6). “Paz” que solo puede venir de Dios mismo que quiere darla en compensación por la fidelidad de su pueblo a la Alianza aun cuando la paz en su sentido más pleno se espera para los tiempos del Mesías que es llamado Príncipe de la paz (cf. Is 9, 6) que viene a pregonarla incluso a quienes no pertenezcan al pueblo escogido (cf. Zc 9, 6, Sal 72, 7). Y el Nuevo Testamento la expresión («paz») mantiene el sentido dado en el A.T, pero también se ve influido por el contexto helénico que implica una ausencia de enemigos o contrariedades: “... soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz” (Efesios 4, 2-3). La unión con Cristo y la reconciliación que Él ha obtenido que se puede hablar de verdadera paz entre todos, sean estos judíos o gentiles (cf. Rm 5, 1-5, Ef 2, 14-22). Esta paz es de una naturaleza diferente a la ofrecida por el mundo (bienes materiales, prosperidad, salud, etc) y solo podría ser obtenida por medio de la fe y la obediencia en Él. Esta versión de una paz divina y sobrenatural parece ser afirmada por Saulo de Tarso (San Pablo) en una de sus cartas (Flp 4:7), y escribe: que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento y por lo tanto se entiende que está fuera de la lógica humana.
La Iglesia católica sostiene que la falta de paz en el mundo, proviene de la falta de paz en el interior del hombre: En realidad los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuera de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Y afirman también que el contacto con Dios será lo que traiga consigo la paz del alma: La comunión con Dios es manantial de serenidad, de alegría, de tranquilidad, es como entrar en un oasis de luz y de amor".
No olvidemos que: "¡toda guerra es una derrota! ¡Recemos por la paz en Israel y Palestina!" (Papa Francisco). No nos cansemos de invocar, por intercesión de María, el don de la paz sobre los numerosos países marcados por guerras, conflictos, desigualdades, hambrunas, migraciones…
La paz contigo.
Fray Francisco M. González Ferrera
Bitácoras