La alegría de recibir a Jesús. Contamana - Perú
En la ciudad de Contamana, conocida como ““La perla del Ucayali”; un tres de abril iniciamos nuestra gran aventura de encuentro con Jesús. Cada domingo, el amor del Señor nos llamaba a celebrar, transmitir y alimentar nuestra fe, esperanza y caridad a través de la Liturgia, la catequesis, la oración, reflexión de la Palabra y momentos de encuentro fraterno que nos ayudaban a sentirnos parte de una iglesia viva y dinámica, una iglesia que camina unida compartiendo la misión común.
Con un corazón agradecido, hacemos memoria de la misericordia de Dios, que nos regaló momentos de gracia a lo largo de todo este tiempo de preparación. Como olvidar, nuestra primera catequesis sobre el año litúrgico; el Ave María que rezamos a la Virgen Peregrina que salía a los hogares de todos los barrios; la caminata del sínodo, cuyo lema: “Caminar juntos”, resonaba en las calles de esta hermosa tierra de misión; así mismo, el encuentro realizado en Pentecostés con todas capillas de los alrededores, en la iglesia matriz; la preparación de altares y ensayo de cantos para acoger a Jesús Eucaristía en la fiesta del Corpus Christi, los temas divertidos y profundos sobre las partes de la Celebración Eucarística, la fiesta de nuestro Padre San Francisco, donde bailamos, cantamos, jugamos y alabamos a Dios con la escenificación del Cántico de las Creaturas; y para finalizar la lista de la providencia, como no mencionar nuestra jornada de retiro que ni la lluvia fue capaz de cancelar o reprogramar para otra fecha. En este retiro abrimos las puertas de nuestra vida a Jesús, compartimos muchas cosas con Él, se mostró lleno de misericordia cuando nos dio el abrazo del perdón y prometió estar cerca de nosotros para toda la vida, aunque decidamos alejarnos de Él. La parábola del Hijo Pródigo se grabó como un sello en nuestras almas; reconocimos con humildad el amor de un Dios enamorado de sus creaturas, y prometimos siendo conscientes de nuestra pequeñez, que volveríamos siempre a la casa del Padre, para recibir el cálido abrazo que nos devuelve la dignidad de hijos.
De esta manera, ingresamos paso a paso en el misterio de Dios ayudados por el Espíritu Santo. La ruta de nuestra historia de la salvación, continúa, no se detiene; somos conscientes que pasaremos por diferentes pruebas; pero nos anima y fortalece la presencia de Nuestra Madre del Cielo en cuya solemnidad recibimos por primera vez a Jesús que se entrega como alimento para ser colmados de gracia y bendición.
Hoy ocho de diciembre, solemnidad de la Inmaculada concepción, unido a nuestros padres, catequistas y toda la comunidad cristiana participamos del Banquete Sagrado, repitiendo con sencillez: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. En este día Jesús vino a habitar en nuestra casa; todos los días vendrá y nos esperará como el Padre de la parábola del hijo prodigo. ¡Oh Jesús! Tú eres nuestro alimento, Tú eres nuestro amigo. Haz que nuestro corazón anhele vivamente recibirte cada día, que continuamente tenga hambre y sed de Ti; no deseamos otra cosa Señor, que ser tuyos y vivir eternamente contigo. Rezamos por todos aquellos que conocerán nuestra historia. Como hijos y hermanos suyos, pedimos que no se olviden de nosotros en la oración y en los pequeños sacrificios de cada día. Desde la selva, les enviamos un abrazo fraterno y un cariñoso saludo de paz y bien.
Sor Milagros López Maslucán.
Franciscana Misionera del Niño Jesús
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