Encuentro OFS en Málaga
Somos seres en relación. Organizado por la Fraternidad Franciscana Seglar de Málaga celebramos un Encuentro Fraterno donde participaron Hermanos de la Fraternidades Franciscanas Seglares de Cádiz, Granada y Vélez-Málaga, Religiosas Franciscana de la Inmaculada, también de la Congregación de Religiosas Hermanas de San Francisco, Los Frailes de Vélez-Málaga donde todos fuimos acogidos en el Monasterio de la Santísima Trinidad de la ciudad de Málaga.
Almuerzo compartido, donde la generosidad y variedad de manjares, pero sobre todo el compartir fraterno genero un espíritu alegre y distendido dando paso luego al tiempo de formación que giró en torno al tema: “Somos Relación-Somos en relación” impartida por Fr. José Antonio Naranjo en el que manifiesta:
“He querido ayudar a vislumbrar cómo la verdadera relación es llegar a descubrir ese «Tú» distinto de ti que, paradójicamente, se constituye en fuente de tu yo. Lo más sorprendente es que tu yo no desaparece, sino que es liberado de su auto-posesión para ser plenamente en el otro.
Es vital creer en las relaciones humanas, aunque sabemos que no siempre es fácil mantenerlas, incrementarlas y que sean profundas y verdaderas. El tú es tan importante en nuestra vida humana como puede serlo el alimento. Forma parte de esas necesidades básicas, casi fisiológicas, para alcanzar la plenitud de nuestro desarrollo y madurez.
Un ejercicio interesante sería recordar a todas las personas que han pasado por nuestra vida. Unas, sin duda, son más importantes que otras, pero seguro que todas nos han ayudado a crecer.
Con todo, somos lo que somos, ¡un sueño de Dios!, capaces de alcanzar ese sueño en relación con otros y luchando cada día por encontrar, en los espacios del entramado social, el lugar que nos corresponde, sin negar nada de lo que el Señor nos ha entregado como posibilidad.
Es necesario subrayar especialmente la capacidad de relación de la persona: relación con ella misma, con su propia historia, con su afectividad, con sus fracasos, con sus cualidades -que ha de restituir al Señor-... Ése es el fundamento de las relaciones con los otros y con Dios. Sobre todo, nuestra dimensión afectiva necesita ser aceptada sin complejos; sólo así puede alcanzarse la serenidad interior y engendrar la increíble riqueza de vida que favorece el desarrollo armónico de la personalidad. ¡Cuántos dramas se leen en ciertos rostros tapados por un velo! Dramas no resueltos, que se convierten en infinitas ocasiones de tensión capaz de destruir la paz de una casa durante meses y años. ¡Qué «paraíso», en cambio, la atmósfera de una fraternidad en la que se ha aprendido a conocerse, a dialogar consigo mismo, con Dios, con los otros! «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros» (Jn 13,35). Tenemos esta responsabilidad como cristianos y como consagrados; debemos, pues, invertir todos nuestros talentos en fomentar la formación a la relación fraterna y a la relación con Dios. No existen atenuantes: ni la edad, ni el carácter, ni las tradiciones pueden dispensarnos de este compromiso.
Bella criatura que soy
Una de las experiencias más bellas que podemos sentir es que la relación en singular, y las relaciones en plural, nos sitúan ante la realidad de nosotros mismos como posibilidad de llegar a ser, de lograr la máxima belleza de nuestra identidad original.
El diálogo con muchas personas nos invita a descubrir esa «bella criatura que soy», salida de las manos amorosas de un Dios Padre/Madre, que ha roto los moldes de su amor con cada uno de los seres humanos. La comunicación y las relaciones me ayudan a labrar, en el día a día, con la gracia de Dios y con mi esfuerzo personal, la persona que hoy soy, llena de posibilidades y sin fronteras.
Pero también hay que decir que la relación, o las relaciones, han sido a veces fuente de dolor y de infelicidad. Los sentimientos más hondos del ser y los deseos más inefables del amor, se rasgan a veces porque los comportamientos humanos, sujetos a la vulnerabilidad y a la fragilidad del ser, nos traicionan. Los comportamientos y las actitudes, no controlados por el «amor más grande», que se riega con la gratuidad total y la entrega absoluta, han traicionado a veces nuestras mejores intenciones y han vulnerado la fidelidad, la honestidad, la lealtad y la confiabilidad de nuestras relaciones.
Aconsejo un libro, “El Principito”, pues este libro nos puede ayudar a crear y fortalecer nuestras relaciones. Antes de cada capítulo nos ofrece un hermoso poema, que precede y enmarca cada reflexión posterior.
Continuamos con la Celebración de la Eucaristía, el mayor y más pleno gesto de relación de Dios entre los hombres y de los hombres y mujeres entre sí, a la que también se unió la Comunidad de Hermanas Clarisas
El Resucitado nos llama a todos por nuestro propio nombre y nos convoca a la fiesta de la vida, la fiesta cósmica de las criaturas, que es la relación.
Fr. José Antonio Naranjo Oliva
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