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Muralia

Nuestras guerras particulares


11 Marzo 2022
Nuestras guerras particulares

Estamos viviendo en estos momentos una realidad inhumana que no creíamos que íbamos a ver. En pleno siglo XXI nos encontramos una guerra iniciada por Rusia (por intereses particulares, sea dicho de paso). Aunque no entiendo por qué nos sorprende, cuando sigue habiendo guerras en otros países, ciudades, culturas...

Quizás porque sea la más televisiva... Pero tampoco entiendo por qué nos extraña, cuando también en pleno siglo XXI seguimos viviendo nuestras propias guerras particulares, donde tampoco hay algún indicio de paz.

Y son de estas guerras particulares que nos impiden vivir en paz con nosotros y con los demás de lo que van a tratar las siguientes líneas. Aviso: si eres altamente sensible con asuntos personales, fraternos, familiares pendientes, no sigas leyendo.

Me encuentro cada vez más en consulta, en acompañamientos psicológicos, espirituales... personas adultas que no pueden vivir reconciliadas con el pasado: experiencias infantiles que han marcado, resentimientos con padres, hermanos, familias... por falta de cariño, de cercanía, por no haber escuchado de su boca las palabras oportunas para el momento oportuno de afecto, de apoyo, de cercanía... haberse topado con personas tóxicas de comunicación agresiva hacia personas de comunicación pasiva (un día hablaremos también de ello...)... Y, al final, nuestro corazón parece un cubo de basura, que, al no saberla tirar a tiempo al contenedor, termina oliendo, termina enquistándose la suciedad, y parece que, por más que se limpie, siempre queda algún rastro.

Y todo empeora cuando somos adultos, porque no hemos sabido gestionar nuestros sentimientos, nuestras emociones. Cuando hablamos de lo que nos ha ocurrido tendemos a buscar culpables, y no sólo eso, sino que además intentamos culpabilizar al otro, quien, a su vez, culpabiliza a otro, y éste a otro... y así sucesivamente... Llega la espiral de la culpabilidad que nunca acaba.

¿Qué hacer en estas ocasiones? Intentaré dar puntos concretos de trabajo, que, aviso de nuevo, requieren tiempo, paciencia y voluntad de sanar. Si no se dan estas 3 condiciones, no pierdas el tiempo y deja de leer.

  1. Sé consciente de que estás eligiendo culpar a los demás. A lo mejor no eres consciente de ello, y es lo primero que tienes que hacer. Está muy bien que identifiques el daño que te ha podido hacer otra persona, pero culpabilizarlo eternamente no sirve de nada.
  2. El hecho de culpar o sentirte víctima o el mismo resentimiento te da placer, te da satisfacción. Tienes que ser consciente también de ello. Por eso, muchas personas se quedan en este paso. Es como una de esas medicinas analgésicas, que por un tiempo están bien, pero que por un tiempo más prolongado provocan adicción.
  3. Si quieres sanar, tienes que dar el siguiente paso con firmeza: tomar la decisión de soltar toda la negatividad porque así dejas de resistirte a todas las influencias positivas que llegan a tu vida. Una vez la sueltas, las emociones positivas afloran en tu interior y llegan hasta ti. Como me gusta decir a mis pacientes: lo positivo llama a lo positivo.
  4. Y el último punto, y el más costoso, pero muy necesario: percibir a la otra persona desde un nivel más elevado, desde un punto de vista más amplio de lo ocurrido. No te quedes con el sesgo de lo ocurrido, piensa en lo positivo que tienen también las otras personas. Al igual que tampoco puedes quedarte con lo negativo que pueda decirte otra persona. Tú eres mucho más grande que lo que puedan decir de ti. No te quedes con ese 1% de negatividad que puedan decir de ti, pero tampoco cargues a la otra persona al 100% de tu propia negatividad.

Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra, y uno de los impulsores en el mundo de la Psicología de la Logoterapia, en su libro El hombre en busca de sentido(1959), habla de su experiencia en los campos de concentración, y explica cómo después de la liberación, sus mismos compañeros mostraban conductas déspotas justificándolas con la culpabilidad, con lo que habían sufrido por culpa de los nazis. Les producía satisfacción el culpabilizar (y, ¡ojo! que esto no significa que no tuvieran razón en cuanto a todo lo que habían sufrido a causa de ellos). Pero sólo cuando pasaban del culpabilizar a expresar sus emociones, sus sentimientos, sólo cuando se atrevieron a verbalizar cómo se sentían, empezó el verdadero proceso de sanación con ellos mismos y con el mundo que les rodeaban.

Hay también un libro autobiográfico de Tim Guenard: Más fuerte que el odio(2006), en el que narra cómo ha ido odiando toda su vida a su padre por todo lo ocurrido en su infancia. Y lo exterioriza a través de la agresividad, de la culpabilidad, del boxeo, de los disturbios con su banda callejera... sólo cuando deja que el perdón entre en su vida, sólo cuando pasa del culpabilizar al perdón, es cuando se da cuenta todo lo positivo que se ha perdido hasta el momento: conoce buenas personas bastante especiales, se deja ayudar, se enamora... Y fue un momento de oración que tuvo cuando empezó a darse cuenta de que algo no iba bien dentro de él.

Pongamos paz a nuestras guerras interiores. Pasemos de la culpabilidad al perdón... el perdón y el amor cura lo que no cura el ibuprofeno, ni ninguna medicina. Que la Cuaresma sea una buena oportunidad para ello.

Fray Manuel Jesús Madueño

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