Santa Teresa de Ávila

Hoy celebra la Iglesia la santidad de santa Teresa de Ávila o de Jesús como a ella le gustaba llamarse. Todo el espíritu caballeresco de Castilla anida en esta mujer, soñadora de utopias, que a los 18 años ingresa sin convicción en un Carmelo en plena decadencia, donde experimenta una reforma interior tan profunda que le lleva hasta las cumbres de la experiencia mística.

 En contacto íntimo con Cristo, sirvió a la Iglesia de su tiempo lacerada por la reforma protestante. Mas tarde con 45 años de edad, se dedica a reformar los Carmelos, recorriendo España sin tregua ni descanso y superando todos los obstáculos que salen al paso. Declarando en su lecho de muerte que era "hija de la Iglesia", entró en la gloria el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes.

Teresa forma parte de ese grupo de humildes que han oído la Palabra, han reconocido en Jesús al Hijo de Padre. Su corazón se ha abierto de par en par en la revelación del secreto escondido de Dios. Son los bienaventurados por los que Jesús da gloria a Dios Padre. Solo el pequeño, el pobre, el abierto a lo inédito, puede cantar con Jesús la alabanza de Dios que ha escondido todo el misterio del mundo en el secreto de su amor eterno, Teresa ha descubierto esa sabiduría de Dios que no es otra que vivir del amor y ella, se ha entregado a Él.

Teresa, fundadora, escritora y maestra de oración descansa en Dios, nada le turba, nada le espanta, quien a Dios, nada le falta. La santa andariega, misionera por los caminos de España, nos recuerda que hay que estar siempre en camino. Que si nos cansamos tenemos un buen lugar al que acudir a refugiarnos: venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. 

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