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Y la selva siempre impone su ritmo


07 noviembre 2022

Aquí el tiempo va lento, pero todo ha sido muy rápido. El pasado 29 de octubre hizo un mes que aterricé, a las cinco en punto de la tarde, en una Avioneta Cessna modelo 172, en esta bendita tierra de Contamana, eran las cinco en punto de la tarde.

 Un tiempo de llegar, un tiempo de marchar

En todo este tiempo, algo más de un mes, he tenido la oportunidad de vivir muchas experiencias. Desde unas las elecciones municipales y regionales; pasando por la celebración de las fiestas patronales de San Francisco; hasta las fiestas de aniversario de fundación de esta Provincia del Ucayali, cuya capital es Contamana.

Además de todo esto, un hermano tuvo que salir aceleradamente por motivos de enfermedad. Nos quedamos, bastante solos, la verdad… pero tuvo que decir adiós… y todos aquí, dimos gracias al Señor por él. GRACIAS por la vida, vocación y misión de Fray José Luis Coll…

Así que los hermanos que nos quedamos aquí, tuvimos que asumir sus responsabilidades que nos repartimos como buenamente pudimos. 

La vida no se detiene y había que continuar el camino y el ritmo de una parroquia que estaba llegando al final del curso pastoral. En algunos momentos me sentía algo desconcertado, como si estuviera “pegando palos a ciegas”, trabajando sí, pero sin mucha programación… Gracias a la ayuda de algunas personas, que el Señor me puso cerca, pude entrar en el cauce del río de la parroquia, en su dinámica de actividades y, sobre todo, en su vida.

 La hermana mosquita

 Pero la alegría dura poco en la casa del pobre… cuando empezaba a encajar porque las cosas encajaban… apareció el “Aedes aegypti”, o lo que es lo mismo, el molesto mosquito que transmite el dengue… Mejor, es una mosquita, porque como sabéis, es la hembra la que te contagia dicha enfermedad que toma de otra persona. Pues nada, enfermé de dengue…

Y todo se paró, en seco, de repente… y cuando digo todo, pues es que todo se paraliza. El dengue, si se trata a tiempo, no es una enfermedad que llegue a matarte, pero en mi caso sí que hubo que tomar precauciones, al bajar las plaquetas en sangre a límites “peligrosos”. Así que tuve que pasar varios días ingresados en el Hospital de Contamana, en reposo absoluto, continuamente hidratado, enchufado literalmente a un gotero, tirado en una cama que parecía más bien una mesa de tortura… Todo se había parado y el tiempo no pasaba… ¡qué días más largos!

 Quien me conoce sabe que no valgo mucho para estar en la cama de un hospital. Pero allí estuve varios días. Pero el Señor me dio buenos compañeros de habitación, Quevedo y Antonio, que tanto bien me hicieron… y además la entrañable visita de la gente de la parroquia que venían a ver al “padresito, que ha venido no hace mucho” … Traían tanto cariño sencillo y mucha fruta fresca y la famosa “agua de coco” que aquí la utilizan para casi todo… A mí me traían de coco verde porque es la que más electrolitos tiene… Les estaré eternamente agradecidos. 

Al volver a casa, todo continuaba igual: reposo absoluto, mucha hidratación, y de vez en cuando un paracetamol por si aparecía a fiebre (que apenas apareció). Y así y gracias a los cuidados y a la paciente insistencia de mi hermano Fray Antonio José, todo se pasó.

El dengue será mi compañero de misión, seguirá en mi cuerpo durante un tiempo largo, pero ya no será él quien marque el ritmo, o así lo espero… Si Dios quiere y si quiero cuidarme… con bastante hidratación, pues aparte del dengue, aquí en la selva, en este ambiente de alta humedad, es muy recomendable beber mucha agua.

La enfermedad ha sido como un bautismo misionero, como una iniciación en ritual del catecumenado de adultos en la liturgia selva… “Vuestros caminos no son mis caminos” Is 55,8). Pues sí, mi misión (soñada, proyectada, controlada) no es la misión de Dios (real, imprevista, fascinante).

 El hermano tiempo sin tiempo de la selva

         Esas largas horas en la cama, te hacen caer en la cuenta de la fragilidad, de lo rápido que todo puede cambiar, de que nada te pertenece… mejor, te das cuenta de que todo pertenece a Dios, hasta el propio ritmo que te quieres imponer. Te crees el dueño del tiempo, de los espacios, de las tareas… pero al menos aquí, en la selva, no es así. Es Dios quien te lleva tatuado en palma de su mano, de manera que ni un pelo de tu cabeza  se  atreve a caerse sin que él lo sepa, y así  va cuidando de ti.

He tenido la gracia de conocer a algunas personas contadas, que han caído en la cuenta de esto, unos pocos santos y algunos hermanos con los que he tenido la suerte de vivir. Hermanos que, verdaderamente, me han mostrado cuál es el ritmo de  Dios; un ritmo que no tiene nada que ver ni con prisas y relojes, ni agendas y calendarios, ni nada que se le parezca.

Aquí donde la hermana selva te envuelve en la maravilla de la creación, es también donde se hace más patente y evidente que el verdadero dueño del tiempo y de cuanto nos ocurre a los hombres, sus criaturas, es Dios.

Como os decía ha sido un mes. Como veis ha sido un mes complejo, porque la selva siempre impone su ritmo… Ha sido un mes de un cursillo acelerado de misión, cuatro semanas de formación permanente de evangelización, treinta días de un bautismo misionero por inmersión o de bruces o de fiebres… todo o en parte, por la hermana mosquita del dengue… pues bendita sea la mosquita y bendito el bautismo misionero de la selva.

Fray Francisco Miguel Antequera, ofm