El pasado 15 de septiembre, iniciamos una verdadera fraternidad itinerante; verdadera por lo de fraternidad, pero también cierta por lo de itinerante. Éramos dos hermanos que nunca habíamos convivido juntos y que casi ni nos conocíamos. Nos montamos en una furgoneta, conducida por nuestro querido Fray Manolo Madueño, camino de la T4 del Aeropuerto de Barajas en Madrid, para tomar el avión que nos llevaría a otras tierras.
Ese día comenzamos una andadura que nos traería a tierras descubiertas por el extremeño Francisco Pizarro. Pero esos dos hermanos pronto nos convertiríamos en cuatro. En cuanto tomamos tierra en Lima y llegamos al Convento de ‘Los Descalzos’, los hermanos Fray Juan Oliver y Fray José Luis, se incorporaron a esa fraternidad; aunque ellos, por encontrarse uno a 568 km y otro a 861 Km, estaban presente cada día, virtualmente, por medio de las nuevas tecnologías; acompañándonos, alentándonos, aconsejándonos en todo momento.
Los primeros días en Lima fueron de “búsqueda”. No tanto la búsqueda de saber lo que Dios nos pedía, sino la búsqueda de cómo hacer las cosas bien. Y, para quien no ha estado en Perú, hacer las cosas bien significa inyectarse todos los días una sobredosis de paciencia. En estas tierras, quizás por el clima, se juega a otro ritmo… y estamos empezando a movernos a este son.
En Lima, dos Hermanas que nos encontramos en la puerta de Migraciones, nos dieron las pistas de por dónde empezar, y así hicimos. Pero desde la “recurrente” pandemia ahora todo se hace por cita previa vía internet, y en ese momento se nos presentaba el primer problema (fueron unos pocos), tanto la Interpol como Migraciones de Lima estaban colapsados; no tenían cita hasta Diciembre, y claro, teníamos algo de prisa. Así que buscamos alternativas.
Gracias a la doctora Victoria, que trabaja en el economato de la Provincia de San Francisco Solano, nos propusieron viajar a Trujillo (que en línea recta son 490 Km). En esta ciudad, fuimos acogidos por los hermanos de aquella fraternidad, y en una mañana tuvimos el tan buscado papel, la ‘Ficha de Canje Internacional’. Con ese papel, los hermanos “virtuales” Juan y José Luis, nos recomendaron viajar a Iquitos, donde el segundo trámite, el de Migraciones, también sería más rápido. Así que vuelta a Lima, y otro vuelo, esta vez a Iquitos (1017 Km).
Después de dos mañanas en las oficinas de Migraciones, atendidos por dos agentes muy amables, conseguimos nuestro objetivo: entrar en el sistema para el trámite del DNI peruano, que, si todo va bien, tendremos en un mes y medio.
Después de esta pequeña gran victoria, cada uno marchó a su respectiva fraternidad de destino. Lorenzo a Requena y el que escribe a Contamana. Ambos viajes también con sorpresas. Lorenzo tuvo que hacer su viaje en una barcaza repleta de gente y cargada de material, de manera que el recorrido de 5 horas, se convirtió en 7. Yo lo tuve algo más fácil, avión hasta Pucallpa y en ese aeropuerto ya me estaba esperando el “avión” hasta Contamana. Y aquí acabaron nuestras peripecias como fraternidad itinerante.
Fueron días de conocernos, “ y vio Dios que fueron buenos”. Días de auténtico compartir experiencias de vida y de fe, de sinceridad el uno con el otro, de preocupación de los hermanos “virtuales”, por cómo se estaban dando las cosas, momentos de celebración cada vez que “ganábamos una batalla”. Cada paso, cada batalla, terminaba dando gracias a Dios en cualquiera de las múltiples iglesias, que Lorenzo me mostraba como buen anfitrión. Y como colofón, si se terciaba, terminábamos en torno a un buen vaso de jugo de naranja con un sándwich mixto. Iniciales premios misioneros para los que van a evangelizar y ganan las primeras batallas.
Gracias Lorenzo, gracias Juan, gracias José Luis, porque en ningún momento me he sentido solo en esta tierra de soledades. Gracias por vuestras palabras de ánimo, vuestras palabras de consejo, vuestras palabras de acompañamiento… Gracias por estar cerca de este fraile que comenzó este viaje con muchos nervios y algunos miedos, pero que fueron desapareciendo a medida que pasaban los días, en esta tierra, que empieza a ser mía; con estas gentes, que empiezan a ser mi gente… con este Dios de Jesús que ya conocen, y que aquí me esperaba en sus sonrisas y esperanzas.
La fraternidad “itinerante” se compone de pequeños detalles de los hermanos unos para con los otros, aunque algunos se encuentren a más de 500 km de distancia; pero percibes el calor de su oración, sientes las palabras de ánimo, sabes que están dispuestos a escucharte, se preocupan, te sacan de la situación de angustia que puedas estar viviendo. Vamos despacio, pero vamos juntos, itinerantes, como quería San Francisco: “peregrinos y forasteros”.
En la fraternidad “verdadera”, los hermanos se complementan, lo que le falta a uno, lo pone el otro. Y así, casi sin darte cuenta, van pasando los días, y te vas dando cuenta que vas “ganando batallas” porque te van ganando estas gentes con su acogida. Así cada victoria te adiestra para un nuevo desafío… pero siempre en “fraternidad, itinerante y verdadera”; compartiendo el pan y la vida, la vocación y la misión… nunca solos, porque Dios es buen compañero que va por delante:
“los envió de dos en dos” (Lc 10,1)
Nunca pensé que se podría hacer fraternidad entre aeropuertos, visitas a comisarías de policía, oficinas de Migraciones, en motocarro… Gracias Fray Lorenzo por tu pasión por la misión, por tu cariño por estas gentes, por tu magistral conocimiento de estas tierras… y gracias Señor, “todo bien, sumo bien, bien total, Dios vivo y verdadero”.
Fray Francisco Miguel Antequera, ofm
Bitácoras
