Skip to main content

Ni ya mismo, ni justo desde aquí


09 Febrero 2026

Seguro que a estas alturas estás ya en plan mayo, mes de las flores, de la Virgen María y de las primeras comuniones. Yo estoy todavía en modo Pascua, porque sigo dándole vueltas a las cinco cosas que el Señor nos ha hecho descubrir en la pasada Semana Santa. El plural es porque las hemos aprendido entre todos los frailes del convento, y son las siguientes: Ni ya mismo, Ni justo desde aquí, Tampoco sin esfuerzo, jamás solos, y Siempre con mucha generosidad.

Primera clave: NI YA MISMO. Las cosas requieren su tiempo. Y las cosas buenas, aún más. La prueba es Dios. Para mandarnos a su Hijo empezó a trabajar con quince mil millones de años de antelación, desde el Big Bang e incluso antes. Y luego el Señor, ya hecho hombre, se tomó también su tiempo: treinta años para empezar a predicar, otros tres para explicarnos bien las cosas y luego, al final, esperar al tercer día para la resurrección. La gente, hoy, lo quiere todo para ya mismo, y si es antes, mejor. Mira que yo soy de mecha corta y la paciencia no es mi color, pero hay quien me gana. Sobre todo, en los guásaps: en los grupos de difusión, cuando aviso de que voy a enviarles algo, mientras lo estoy buscando en la galería de imágenes para adjuntarlo, siempre hay alguno que escribe, raudo cual centella: “No has enviado nada”. Criatura, keep calm.

Segunda clave: LA PERSPECTIVA. Tienes que moverte de donde estás para poder ver las cosas en su contexto adecuado y a la distancia correcta. Si te empeñas en mantener un único punto de vista, que es el tuyo, por supuesto, no das ni una. Piensa un poco en el mismo Jesucristo a lo largo de su Pascua: por supuesto que Cristo era Dios, mas también era hombre verdadero, y la resurrección no la vio venir ni desde la cruz. Tuvieron que llevarlo hasta el sepulcro: y solo desde allí resucitó.

TAMPOCO SIN ESFUERZO. Tercera clave. Lo que vale, cuesta. Y, si no cuesta, de poco vale. Y no me refiero a dineros, aunque también. Cualquiera que tenga trabajo y familia, que dependa de un sueldo o del negocio que haya montado, y tenga que sacar adelante a sus hijos o sus nietos, o su propio matrimonio y hasta su misma fe, sabe que nada de eso sería posible sin la E y sin la T. La E de esfuerzo y la T de trabajo. Hasta el Señor usó las manos y el sudor para salvarnos. Lo tuvo que aprender de crío, pienso yo, en el taller de José y en cómo llevaba la casa su madre, la Virgen María. Y eso que no me meto en cómo ha subido la luz, la gasolina y todo lo demás.

NUNCA SOLOS. Básico, básico, básico, básico. Ni siquiera Jesús resucitó él solo. Sin el Amor de Dios Padre y sin la fuerza del Espíritu, no hay resurrección posible. San Francisco de Asís lo captó muy bien, por eso los franciscanos no somos frailes, somos HERMANOS, porque sabemos que, sin los otros, no podemos ser nosotros.

Quinta y última clave: SIEMPRE CON MUCHA GENEROSIDAD. “Lo que no se da, no resucita”. El Evangelio no lo pone así, pero es lo que vivió el Señor: nos lo dio todo, su cuerpo, su sangre, su amor, su perdón, su vida misma en la cruz. Y por eso resucitó. Si te quedas algo solo para ti, eso se muere contigo. Pero si das lo que eres y puedes, eso lo recoge Dios y te lo guarda para resucitar.

Repito, ya para terminar: Ni ya mismo, Ni justo desde aquí, Tampoco sin esfuerzo, Jamás solos, y Siempre con mucha generosidad. Pruébalo también en mayo, y ya me dices luego si te ha funcionado. Un saludo.