Skip to main content

La multiplicación de los guantes y de los geles


29 diciembre 2020

“Caballero, tenga unos cuantos guantes. Comparto lo que tengo. Cuídese”. Y coge y me da un puñado de guantes blancos de látex, se monta en el coche y se va. Te estoy hablando de mediados de mayo, cuando por fin permitieron que la gente volviera a las iglesias y lo estábamos preparando todo para la rentrée. Aquí habíamos hecho unos carteles muy monos, con fotos y todo, para explicar bien las medidas de seguridad que recomendaba la Conferencia Episcopal y nuestra propia Diócesis: el uso de mascarillas, guantes, hidrogel, distancias mínimas, etc.

Me encargaron colocar los carteles en la verja del atrio y como el fixo, la cinta adhesiva esa, se me pegaba en los guantes y no había modo de trabajar, pues me quité los guantes y lo estaba haciendo con las manos desnudas. En eso entró un muchacho, con ropa de faena, a hacer la visita al Cristo y me vio. Cuando terminó de rezar, salió de la iglesia, se despidió y se fue para el coche; pero enseguida volvió con un puñado de guantes y me los regaló con la frase que te he puesto arriba. Se ve que el chico pensó que en el convento no teníamos guantes y, a fuer de buen cristiano, puso en práctica lo de “dad y se os dará” de Lucas 6, 38. Eso tuvo que ser un viernes, creo yo. El sábado montamos el chiringuito higiénico en la puerta de la capilla, para echar el gel, dar mascarillas si la gente no las traía y todo eso. Como aún no teníamos guantes en condiciones, a quien llegaba sin ellos le dábamos unos baratos de plástico trasparente, que habíamos encontrado en un botiquín viejo. La verdad es que eran más un engorro que una ayuda, porque eran más difíciles de poner que los de la fruta de los supermercados, que ya es decir, y más si llevas las manos húmedas por el gel. Era lo que teníamos en aquel momento, y con eso salimos adelante el fin de semana.

Llega el lunes y al terminar la misa, otro chico de los que había venido también el sábado entra en la sacristía con una caja sin estrenar de guantes azules de nitrilo, de esos buenos que no dejan polvillo ni se te irritan las manos. “Para que tengan guantes, hermanos”, fueron sus palabras. Negocio redondo, no digas que no: nosotros le dimos un par de guantes de los malos, y él nos regalo cien de los buenos. Se cumplió de nuevo lo del Señor en el Evangelio: “Os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante; la medida que uséis, la usarán con vosotros”. Y al día siguiente otra vez, porque subió Jose, la chica de Cáritas, con otras dos cajas de guantes. Lo del gel hidroalcohólico igual. Como fue la semana del pánico, solo habíamos conseguido, y además a precio de oro, dos dosificadores de esos, uno para la iglesia y otro para los frailes. Venga a buscar por todos los comercios y farmacias, y nada. Pues el jueves se presentó Amparo, que es más buena que hecha de encargo, la mujer, y nos regaló un bidón de cinco litros de gel. Ella había comprado para su peluquería, y encargó por su cuenta uno más pensando en nosotros. Con las mascarillas tres cuartos de lo mismo. Al principio teníamos las justas para nosotros y cuatro paquetes de cinco para los despistados que vinieran sin ella. Y llegó Paco, que es de un pueblo cercano, pero ya de Albacete, y nos trajo una bolsa con cien mascarillas caseras que había cosido su mujer para aquí para Santa Ana. No las he puesto en el título porque lo de “guantes y geles” suena parecido a “los panes y los peces”, pero con “mascarilla” no rima casi nada.

Bueno, miento, rima con el Sermón del monte de Cristo; o con esas palabras que, según san Pablo, solía decir Jesús: “Hay más alegría en dar, que en recibir” (Hechos 20, 35); o con esa frase de San Francisco de Asís para los franciscanos de todos los lugares y de todos los tiempos, y que es la que más me gusta de todo lo que escribió: “Nada de vosotros retengáis para vosotros mismos, a fin de que enteros os reciba Aquél que todo entero se os entrega” (Carta a toda la Orden, nº 29). El de los guantes, el de los geles y el de las mascarillas: tres milagrillos chiquitillos en tiempos del coronavirus. Yo lo veo. ¿Tú lo ves también?