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Al cuidado de una ecología integral. La regla de las 6 R


09 Febrero 2026

En el comienzo del milenio del siglo XXI, se comenzaron a desarrollar con fuerza el tener que escuchar juntos los gritos de la tierra y los gritos de los pobres, en una humanidad que padece una crisis socioambiental, como ha descrito el papa Francisco en la encíclica Laudato si'. Este proceso de cuidar la tierra con justicia hacia los pobres —desde una actitud de sobriedad en el consumo y una renovación de los corazones, fruto de la conversión— conduce a un equilibrio ecológico y espiritual-evangélico.

«En san Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior» (cf. LS 10).

El Evangelio nos invita a vivir y aprovechar responsablemente los recursos de la tierra, desde las cosas más sencillas de la cotidianidad, para ello son buenas acciones socioambientales disponernos a practicar la Regla de las 6 R:

La Regla de las 6 R

Reducir: limitar el consumo desde el «ser más y hacer menos», reduciendo el uso de los medios materiales y limitando el desperdicio generalizado de las cosas.

Reutilizar: «reconocer el valor de las cosas», dándoles toda la vida que tienen, y oponerse a una «cultura del descarte».

Reciclar: reconocer que todos los bienes de la naturaleza se transforman, y nada se pierde cuando hay selección cuidadosa de los residuos.

Dice el papa Francisco (cf. LS 22) a propósito de las 3 R anteriores:

Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar.

Recuperar: dar valor a lo que parece inútil, reconstruir lo bueno de las personas, de las cosas, y no caer en la «cultura del usar y tirar» (cf. LS 24-26).

Además de volver a la armonía y recuperar la relación con la creación:

«Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea» (cf. LS 225).

Reparar: no caer en la cultura de descartar cosas, objetos, y menos no valorar vínculos humanos y relaciones, para prolongar la vida de aquello aparentemente «inútil».

En el sentido de sanar/restaurar el daño causado, el papa Francisco recuerda lo que dijeron los Obispos de Sudáfrica:

«se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios» (cf. LS 14).

Reservar: ahorrar energía y recursos, y educar a posponer la compra de lo no necesario, para apoyar obras de solidaridad y reforzar la dimensión social (cf. LS 139).

Iniciemos, continuemos y hagamos las buenas prácticas que contagian y educan con el ejemplo:

Comparte y aplica alguna buena práctica, que refleje una espiritualidad ecológica integral y que comprometa personal, social y ambientalmente en favor de una ecología sostenible.