A las fraternidades cristianas nos toca hoy seguir caminando, en la incertidumbre de los tiempos que nos toca vivir, andando juntos en misión compartida, desde la libertad responsable en lugares donde nos ha puesto la vida y la tierra que nos acoge, ofreciendo un estado saludable de ternura-«fraternura», cuidando y dejándose cuidar, creando lazos y redes de comunión, desde la conciencia de que estamos sostenidos por el Otro y los otros.
Hoy nuestras comunidades necesitan vivir como caminantes sostenidos por una rica espiritualidad, desde el compromiso personal y comunitario que vertebra nuestra vida de creyentes, que anuncian como mensajeros el Mensaje recibido, desde el testimonio de vida y siendo «fray ejemplo» para aquellos con los que convivimos.
Nuestra identidad fraterna no se fundamenta en documentos o legislaciones en retroceso; sino en la Palabra de Dios que nos convoca, evoca y provoca, para ser fermentos del Reino, desde la rica espiritualidad que nos aglutina, en encuentros periódicos de hermanos y hermanas, en la fe y la confianza.
Identificarse con Jesús y el Evangelio es responder a la Iglesia, a la comunidad cristiana y a las fraternidades, sin olvidar a los hombres y mujeres de buena voluntad. Podemos decir: «dinos cómo te comportas y te diré cómo amas, cómo sirves y cómo te comprometes».
Como peregrinos y advenedizos anunciamos y testimoniamos el proyecto de vida fraterna en comunidad, en estos tiempos de increencia y destemplanza, y es ahí donde nos toca «ampliar el espacio de la tienda» para ensanchar la mirada, desde donde emerja alguno nuevo en una fraternidad en movimiento, porque o caminas o te estancas en retrocesos que te impiden ver con esperanza un horizonte abierto.
En estos tiempos de «sociedades líquidas»,
necesitamos vincularnos a otras fraternidades,
que ofrezcan y vivan la ética del cuidado,
para caminar con confianza como fraternidades de hermanos y hermanas;
fraternidades en camino que nos indican que es posible vivir de otra manera.San Francisco de Asís y su inspiración de la fraternidad
(«el Señor me dio hermanos» [Testamento,14])
es un recordatorio significativo de lo sólido:
la vida arraigada en el Evangelio.
Seve Calderón Martínez, ofm
Bitácoras