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Tú eres la esperanza que no defrauda


25 octubre 2024

El año 2025 está dedicado a la esperanza (Spes non confundit), siguiendo el texto de Rom 5,5 que nos prepara para el jubileo convocado por el papa Francisco. Todos somos peregrinos de esperanza, para vivir y fortalecer la conciencia del destino común de hombres y mujeres, destinados a revitalizar la vocación humana y cristiana, en este camino compartido.

Queremos robustecer la esperanza que no defrauda: Jesucristo es nuestra esperanza y nos recuerda que esta virtud nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón entregado a la cruz, y se renueva con la fuerza del Espíritu para transformar un mundo necesitado de esperanza (ibid., núm. 3).

Uno de los signos de esperanza se traduce en el trabajo por la paz, en un mundo sumergido en la tragedia de la guerra (ibid., núm. 8).

Nos toca transmitir vida ante los ritmos frenéticos en los que vivimos, especialmente les afecta a los jóvenes, de ellos esperamos que engendren nuevos hijos e hijas, como fruto de la fecundidad de su amor dado y recibido (ibid., núm. 9).

En este tiempo se pide a la comunidad cristiana que esté con las puertas abiertas para acoger a todos, de modo que a nadie le falte la esperanza de un mundo mejor, hacia el que caminamos para vivir desde Jesucristo resucitado: todo bondadoso, compasivo y misericordioso (ibid., núm. 13).

Si nos llenamos de misericordia y perdón no cambiaremos el pasado, pero podemos cambiar el futuro si vivimos de manera diferente, sin rencor, sin ira, sin violencia y sin venganza (ibid., núm. 23).

El papa Francisco concluye que el próximo Jubileo será un Año Santo para recuperar la confianza necesaria —tanto en la Iglesia como en la sociedad— promoviendo la dignidad de toda persona y el respeto de la creación, para que nuestras sociedades sean verdaderamente justas, pacíficas, sanas y, en definitiva, auténticamente humanas y fraternas. El testimonio creyente puede ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2 P 3,13).

Por consiguiente, es tiempo de caminar en esperanza. Tiempo para pasar de lo viejo y oscuro a los campos de la paz, la justicia y la libertad, que nos orientan en el camino de una esperanza que no defrauda: «Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra» (cfr. Is 65,17). Finalmente, recordamos el Salmo 22:

«Aunque camine por cañadas oscuras nada temo: tu vara y tu cayado me sosiegan».

¡TÚ ERES LA ESPERANZA QUE NUNCA DEFRAUDA!

Fray Severino Calderón Martínez, ofm