Skip to main content

Raíces agustinianas de carisma franciscano


16 May 2025

En una primera lectura del escudo del Papa León XIV, reconocemos las raíces agustinianas de la espiritualidad franciscana. Recordemos que las intuiciones de San Francisco empiezan a ser sistematizadas por la enseñanza de la teología que el mismo santo de Asís encarga a Antonio de Padua y que tomarán su primera forma académica en el teologado de Bolonia. Esta siembra crecerá posteriormente gracias a la sabiduría escolástica de San Buenaventura que marcará decisivamente el camino de la escuela franciscana en la formación de la Orden. 

Pero centrándonos en la matriz agustiniana de la tradición franciscana recordemos que Antonio de Padua, entra en la Orden Franciscana en 1220 tras una fuerte llamada vocacional, al presenciar el traslado de las reliquias de los primeros mártires de la Orden (Berardo, Pedro, Otón, Acursio y Ayuto), que testimoniaron la fe cristiana hasta la sangre el 16 de enero de 1220 en Marrakech (Marruecos). 

Pero Antonio ya tenía vocación religiosa. Con su nombre de pila, Fernando, en 1210 era Canónigo Regular de San Agustín, primero en el Monasterio de San Vicente en Lisboa, y desde 1212 en el Monasterio de la Santa Cruz de Coímbra. Allí obtuvo una educación clásica, filosófica y teológica de primer nivel, gracias a la formación agustiniana en los Santos Padres que bebía de magníficas bibliotecas dotadas por el favor de la corona portuguesa. 

Con este bagaje cultural y teológico de Antonio, recordemos que el Papa Gregorio IX en la canonización de Antonio, le califica ‘Arca del Testamento’, entra en la Orden Franciscana y a pesar de su primer deseo misionero, dedicará su vida a la predicación popular y a la formación de los frailes, como le pide San Francisco:          

“A fray Antonio, mi obispo, el hermano Francisco, salud. Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos, con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción, como se contiene en la Regla.” 

El claro concepto del hombre como pecador salvado, la conciencia profunda de la necesidad de conversión del corazón del cristiano, el fomento de una espiritualidad afectiva que integre desde la fe a toda la persona, la caridad como fuente de comunión fraterna y amistad social, la esperanza como acicate del hacer y decir, el conocimiento y veneración de la Palabra de Dios como río de gracia y sabiduría, la primacía de la concepción de Cristo como camino vital a recorrer como peregrino, el concepto de Iglesia como seno materno sacramental donde nacer a la vida verdadera, la relación filial a María…  son solo algunos aspectos donde la espiritualidad franciscana crece desde las raíces agustinianas. 

SINTONÍAS CARIMÁTICAS EN EL PRELUDIO DE UN PONTIFICADO 

El Papa León XIV tiene, en el escudo y en el lema de su pontificado, un símbolo y una afirmación, que nos hacen sentir en familia: 

En el escudo, el corazón traspasado sobre el evangelio, remite a aquel pasaje de San Agustín en el libro de las Confesiones: “Sagittaveras tu cor meum charitate tua”, (Has herido mi corazón con tu amor) … ¿Cómo no pensar en la experiencia pascual de San Francisco con las llagas en la Verna? 

En el lema: “In Illo uno unum”, el Papa León XIV, al ser consagrado obispo en 2014, quiso hacer suya la sentencia con que San Agustín comenta el salmo 127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”.

Ahora, al ser elegido Papa, quiere seguir haciendo suyas las palabras de San Agustín:

“Ipsi Christiani cum capite suo, quod ascendit in coelum, unus est Christus: non ille unus et nos multi, sed et nos multi in illo uno unum. Unus ergo homo Christus, caput et corpus.”

(Estos cristianos, con su Cabeza, que subió al cielo, son un solo Cristo; no es Él uno y nosotros muchos, sino que, siendo nosotros muchos en Aquel uno, somos uno. Luego Cristo es uno, Cabeza y Cuerpo)  

¿Cómo no pensar en ese anhelo constante en San Francisco de la comunión fraterna, de la unión eclesial, de la fraternidad con todas las criaturas?

CONCLUYENDO 

Caminar es seguir dando pasos desde donde venimos y hacia donde vamos y nos llevan. Cuando la vida se concibe como camino porque se ha hecho de Cristo la propia vida, todo tiene su sentido, porque es Dios quien va dando razón de ser, del cada día.  El pasado jueves, 8 de mayo, un hombre llamado Robert Francis Prevost pasó a llamarse León XIV. Sigue siendo el mismo pero todo ha cambiado. Ahora toca escuchar, aprender, estudiar… oír la voz del timonel de esta barca que es la Iglesia, en la que ninguno se salva sólo, por eso necesitamos escucharnos para navegar, pescar, llegar a puerto… Agustín, Francisco… León tienen mucho que decirnos porque la última palabra la tiene siempre la Palabra eterna de Dios.

Enlace relacionado: Escudo del Papa León XIV
Fray Vidal Rodríguez López ofm